EMPRENDER LA NOCHE, de José Zuleta Ortiz

Posted Abril 4, 2009 by Julio César Correa Díaz
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Por Hernando Guerra Tovar

José Zuleta Ortiz (Bogotá, 1960), nos  muestra en  su poética mundos diferentes, que sin embargo han estado ahí desde siempre, al alcance de nuestros sentidos, de nuestra mirada, acaso empañada por otras urgencias, otros apetitos. Lejanos territorios de la cotidianidad más inmediata. Objetos cercanos, teñidos de una voluptuosidad desconocida, colmados de belleza nueva; distinto rostro del entorno familiar, paisaje inadvertido hecho presencia.  

Asistimos en esta poesía a un itinerario por el envés de las cosas, el otro lado de los usos y costumbres, el redescubrimiento de regiones externas e internas del hombre, en su discurrir por la tierra que le es propia o ajena, según nuestra percepción, de acuerdo al lado y al lente desde el que lo abordemos. El verbo, limpio de los sedimentos de siglos de uso, desuso y maltrato, muestra ahora su identidad primigenia, intacta. La Antología Emprender la noche (Colección Los Conjurados, Común Presencia, 2008) es así, poéticamente, un llamado del autor para que busquemos en el sueño la vigilia de nuestros actos, del entorno, los motivos que habitan más allá de la apariencia, la verdad oculta, el fin y el propósito que impulsa todo acto, todo hecho, toda circunstancia.

Desde siempre el poeta  se ha  caracterizado por su condición de vidente, por el desarrollo de su capacidad de intuición, de la percepción atenta o verdadera, que linda en la sabiduría, en el  conocimiento.  Ortiz Zuleta asume en su palabra dicho propósito,  en un lenguaje sencillo, alejado de cualquier posibilidad de estridencia o de retorica. A contario sensu, lo hace de una manera natural, como bien lo anuncia el también poeta y escritor Elkin Restrepo: “Por un don inestimable, a José Zuleta se le ha permitido hacer propia la magia natural de las cosas, sin artificios, ni retóricas intelectuales, que es lo que suele suceder entre nosotros” (…) Nos entrega así, “sus poemas claros, sensuales, espléndidos, aferrados a pequeños rituales y percepciones repentinas…”   Miraremos, pues, con el lector, libro por libro, el contenido de esta obra, de un autor que se destaca como una de las voces originales, auténticas, de la poesía de su generación en Colombia:

“Las alas del súbdito” (Primer Premio Nacional de Poesía Carlos Héctor Trejos, Riosucio Caldas, 2002), constituye un recorrido por la sencillez, por la elementalidad de la vida. La paradoja de lo cotidiano enaltece el milagro del ser, en lo rural, en lo urbano. En el silencio. En el barullo. Las discretas costumbres de una región de belleza y riqueza invaluables, ignoradas por un Estado ciego y sordo, se vindican en este libro, que nos recuerda en un viaje por río a través de la selva, las contingencias del árbol que  en su mágica presencia, cobra aquí sentido estético más allá de la posibilidad  ética: “…se respira el agua…la balsa avanza. / Chaquiro, Sajo, Amarillo, Cedro, Tangare, / Comino, Flor  Morado y  Chanúl. /  Tantos años erguidos; como casa de pájaros, / camino de ardillas, trapecio de micos, / sombras de orquídeas, / filtros de luz…” (Bocas de Satinga).

Y el contraste urbano lo aporta el anodino personaje “pregonero de abalorios, de ilusiones”, que después de una faena extenuante por la ciudad, como “súbdito de riquezas anónimas / (que) vende para pagar facturas ajenas. (…),  llega por fin a su colina amada y “feliz: sabe que en algún lugar / de la estancia están esperándole las alas… / ahora podrá volar lejos del reino, lejos del vocerío, / y verá / desde lo alto el mundo, y hasta podrá quererlo. (Las alas del súbdito). Paisaje rural y urbano de un uni-verso que se redescubre en su contraste de oscura desidia, ante la aceptación de una alienación sin límite, en la dura modernidad que nos constriñe.

En “La línea de menta” (Colección Escala de Jacob, Universidad del Valle, 2005), la lúdica de los sentidos hace del fruto un festejo:”Avanzo por la tierra y sus fragancias, /  siento las caderas dulces de los mangos, / los cascos cosidos con hilos blancos / en el costurero del mandarino. (…) El erotismo sutil de la palabra deriva en el entretanto del ocio que brinda la siesta, “el menú” del cuerpo hecho manjar del deseo: “Después de la prisa / de las prendas cayendo, / mariposas urgentes vuelan tu pecho”. Todo aquí convida al descanso, al solaz, a la contemplación de un mundo detenido en la pereza. Salvo el texto que nomina al poemario, la agenda del poeta y del poema es insustancial: “Viviría soñando…/ vagaría en duermevela / por libros claros, / por películas,  / por cuadros rojos y amarillos, / por recetas perfumadas de hierbas. Sin embargo, entre esta despreocupación cercana al hedonismo, hay un lugar para recordar la tragedia del Raúl Gómez Jattin, su viaje intempestivo al encuentro con su progenitora. Y hay lugar, asimismo, a la trascendencia, a la mirada hecha visión, cuando Zuleta Ortiz observa el río del tiempo entre la lluvia, como en un prisma, en su recorrido por la exaltación de la fruta, para llegar a esta imagen bella y exultante: “sigo / ahora llueve / miro al fondo la montaña oscura / veo un río, / es una línea de menta que desciende.”

Tal vez la festiva despreocupación del libro que antecede haya sido necesaria en la arquitectura de la poética, de la secuencia lógica o arbitraria de la antología, hasta llegar a “Música para desplazados” (Premio Nacional de Poesía, Casa de Poesía Silva, 2003) en donde la convocatoria hecha bajo la irónica consigna “descanse en paz la guerra”, confronta la dolorosa “realidad” de una nación que se debate entre la  insensatez de la violencia y la belleza inocua del poema. La dura pregunta de Höelderlin tiene respuesta en este poemario, cuando José Zuleta Ortiz consigna el hecho simple de un activismo cívico, fundado en la palabra, alejado del ataque, como corresponde al ser inteligente que no ignora las verdaderas “razones” del flagelo, del maridaje de una aristocracia rancia y corrupta, postrada, genuflexa ante poderes del “otro lado” del mar y del sueño. Entonces todo fluye y confluye. El río no sólo lleva muertos, lleva también la vida con destino al hombre citadino. No sólo lleva el cadáver del árbol milenario, transporta así mismo el alimento, es decir la paz, porque la paz, amigo lector, comienza en el estomago.  

“En el andén de la Galería Alameda”, el poeta describe la  atroz intermediación en el comercio de los frutos, el destino final de “tantas semanas de paciente labranza, (…). Este poema, bello en su singular desgarramiento, canta una “realidad” que se nutre de la indiferencia de quienes fungen un poder oscuro, de intereses mezquinos, podridos como aquellos frutos que no resisten los embates del clima, y la displicencia del sistema: “Derrotados en la guerra del andén, / sin los encargos de los hijos, / ni el corte de género para ella, / ni la funda nueva del machete, / suben al techo del bus de escalera, / para volver al monte azul donde / la vida es una guerra perdida.”

El campo, representado en los objetos de labranza, exhibidos en su belleza intacta, “En el almacén agrícola”, en “La siesta azul de las herramientas”. Los olores, la fragancia de un pueblo honesto, trabajador.  Y “El expreso del sol”: evocación poética, con el sutil llamado, con la propuesta implícita: “Un tren haría todo más fácil.” Quienes tuvimos la fortuna de viajar en este legendario “expreso”, entre La Dorada y Santa Marta, sabemos de un país bello, que no sólo se viste del paisaje de la guerra: “También están los ríos y los puentes, / los peñascos, los túneles, / el mar, la carga y el muelle ferroviario / estás tú allá y yo aquí, / sólo falta el tren para rodar por la escalera dormida, para mirar por la ventanilla la fuga de los árboles (…). Los mismos árboles del bello poema, donde confluyen todos los milagros: la lluvia, el pájaro, el nido, “el peregrino en su sombra”, “el agua en la savia certeza de su sangre”. El árbol de la intemperie, de la noche, del frío, del rayo, de la tormenta. El árbol en el que “el fruto se tiñe de colores maduros”. Ah, los Árboles: en el silencio de su serena majestad habita un canto”.

“Mirar otro mar”, (Hombre nuevo Editores, 2006), es la celebración del goce por la vida. “Rueda sin rumbo la noche…” La alegría como motivo poético. Un delicioso erotismo recorre estos poemas. La mujer y la gastronomía se mezclan en una receta, en donde la comida de mar, las frutas y los aderezos, extienden por la página olores, sabores, exquisiteces; alcoholes en infinitas rondas de roces, risas, alas. Los nombres de los poemas hablan por sí solos: “Hambre”, “Otra ronda”, “La mujer de enfrente”, “Lo de la vecina”, “Cantar dentro de ti”, “Una cerveza en la Habana”, “Seducción”, “3 A.M.” “5.30 A.M.” “Como los ángeles”, “Placer glaciar”, “Motel Santa Bárbara”, “Tinta Roja”, “Intensidad”, “A la intemperie” “Insectos”“Visita conyugal”, “Apetitos varios”.

Sí, los títulos de los textos hablan por ellos mismos. Mas, he ahí uno de los encantos de este libro. El poeta sabe de la predisposición del lector. Algo así como una intuición psicológica. Lo cierto es que al abrir el poema, al asumirlo, nos damos cuenta del subterfugio estilístico: en “Hambre” hay un pre-texto culinario, una rica preparación de pescado con los ingredientes de la mejor cocina, que activan las papilas del gusto, para concluir con el siguiente verso, no exento de humor y coquetería: “sólo tú me apeteces”. En “Lo de la vecina” el asunto se resuelve en que hay un árbol que todas las noches, generosamente, deja caer sus frutos de piel roja y carne amarilla, sobre el prado de la vecina. Sólo basta “inclinarse y tomar en la mano la paz de la fruta”. “Cantar dentro de ti”, es otro ejemplo de cómo el autor se apropia del alcance semántico de la fruta, su magia, su deleite, para trasladarlo a la escena erótica: “Lo mejor de ti son tus silencios: / espera de mango, / distancia de naranja, (…) “Ver tus manjares intactos”, / tu hambre, (…)  El poema “3 A.M.”, es un juego en el que el poeta compara un electrodoméstico con el ser deseado: “cruzo el umbral… /  entreveo su blanca presencia, deseo entrar en ella, / sentir sus aromas, guío palpando mi mano hasta el secreto, (…) Al final de este insomnio sugerente, el poeta, ya de nuevo en la cama, se pregunta si habrá dejado la puerta abierta.

Hay una segunda parte de “Mirar otro mar”, en la que el poeta vuelve la mirada hacia la región del pacífico. Poemas como “Tumaco”,” “Mulatos”, “Boceto con pelícanos”, “En el alto Atrato”  “Ensenada de Utría”, “Bajo San Juan”, “Bahía Solano”, “Isaura vuelve a casa”, acaso sustentan el título del poemario en tanto constituyen un intento del poeta por rescatar esta rica región, saqueada a la par que ignorada por siglos: “Abarcos, Natos, Zapanes, / Caobos y Chaquiros / abatidos. (…) (Bajo San Juan); “En el caney y el bulevar / marineros rojos bailan con negras de colores” (Isaura vuelve a casa).Es una denuncia de la sobreexplotación de los recursos y de la indiferencia de un Estado centralista, indolente, corrupto. Es asimismo la exaltación de una raza que vive en la alegría de sus raíces, de sus rituales, de la danza traída de África, y de la poesía que crece silvestre en su bella y vasta geografía: “Leve como la fragancia del agua. / Nueva, como el aire en la sangre. / El hombre de los instantes, supo: / la belleza es fuego que llama, / es la hoja que vibra en el bosque”. (Epitalamio).

El último libro de esta Antología, que contiene la obra poética hasta ahora publicada por José Zuleta Ortiz, “Las manos de la noche”, segundo premio en el concurso internacional de Poesía de la Universidad San Buenaventura en 2007, contiene ocho textos, como anticipo de la publicación del libro por parte de la Universidad Nacional de Bogotá, en la Colección Viernes de Poesía que impulsa el profesor Fabio Jurado Valencia, cuya presentación se hizo el pasado 19 de marzo de este año, en el marco del día Mundial de la Poesía que convocan y organizan cada año Común Presencia Editores y el periódico virtual Con-fabulación, poemas que mantienen la unidad temática y de tono del contexto de la obra del autor aquí reseñada: “Hace años / las ardillas viajaban / de la costa atlántica / a la costa pacífica,  / de rama en rama / sin bajar al suelo. / Era cuando los árboles estaban tomados de las manos / jugando a la ronda de los bosques. (Tomados de la mano)

“Emprender la noche”, un acierto estético. José Zuleta Ortiz, “cazador de instantes”, una voz diferente que refresca la poética colombiana, a la vez que indaga y señala otras regiones de la geografía y del pensamiento; derroteros preferibles, más humanos, para la tierra, el hombre y su palabra. Otra mirada, otro mar, otras posibilidades en un país en donde la ceguera y el autismo de la dirigencia, constituyen el “Padre nuestro” de cada día.

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Hernando Guerra Tovar. Poeta y abogado. Fue presidente por varios años de una organización de trabajadores del sector financiero. Es autor de los poemarios Pájaro azul, Linotipia Bolívar 1994; La noche del árbol, Sociedad de la Imaginación 1998; Ciega luz, Común presencia 2004 y Sombra Embestida, Comùn presencia 2007. Hace parte de la Colección Internacional Los conjurados de Común presencia Editores, de la Muestra Siglo XXI de Poesía en Español y de la Muestra arquetípica de Poesía en Español de la Asociación Prometeo de Poesía de Madrid. Aparece en varias antologías y su poesía se publica en periódicos y revistas de Colombia e Hispanoamérica.

PREMIO NACIONAL DE POESÍA “PORFIRIO BARBA JACOB” 2009

Posted Abril 4, 2009 by Julio César Correa Díaz
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I.
Quiero decir la palabra hambre para soportar su apéndice inserto
en el último hueso de mi brazo.
El hambre, la semilla ahogada, la sílaba pálida alimenta a la piedra,
jamás a los cuerpos, piel de la carencia.
Dueño de la tierra doblegada,
del viejo pan íntegro
y del lugar de la pertenencia y el de la justa verdad,
me protejo de las garras del sol que me persigue por las calles
y sierras lejanas,
un sol arqueológico,
seco y lacónico por el mundo.
Una tierra. El lugar, el pan, el sol.
El sol entre los dientes inunda las calles donde verdea la terrible
cerrazón de la garganta.
Se le hace trampa a la sed, al desquicio de un saco de nueces,
a la crueldad de nuestra señora de la carne.
Un colmillo duerme en medio de una apetencia prolongada,
el rey de los despojos
viene por los huesos que guardamos al amparo de la noche,
la médula del gigante o del raquítico,
los olvidados,
los hermanos del desierto.
El sabor de los huesos es más fuerte que el manjar de la carne ajena.
Deber de sobrevivencia: comer del caldero un poco de pan,
una taza de agua,
escupir de la garganta el miedo
y todo el espectro de la casa.

 

II.

Cuando llega la oscuridad roja del nogal, vemos a lo lejos una tierra
de saliva y de ceniza, asolada por utopías y palpitaciones de sal, la
lenta destrucción del tiempo.
No hay vestido para disfrazar el horror de la mujer de vientre
saqueado. ¿A qué mundo pertenece la tragedia que rompe el rostro, la
piel seca y los dedos oxidados?
Magos de sangre oscura le ajustan al cuerpo puros andrajos.
La luna hiena ve degradarse el bálsamo de tantas flores, vasta flor
sangrienta en lo alto de su tallo.
¿Quién se traga las lágrimas de piedra y el agua del ojo abierto?
Dios escupe insultos y derrama lágrimas entre las heces de un mundo
perdido.
De vez en cuando miro por las rendijas
(entre cuatro paredes terrosas, postigos cerrados),
cómo bajan los crujidos
de millares de pequeñas miserias,
miserias ínfimas de muescas, migas,
desnudas encías,
sonajeros y espejos rotos,
la miseria por un pedazo de cobre.
Mi ojo inspecciona una ciudad en ruinas
donde se incuban las pestes
y se limpian los huesos que perforan
la dolorosa materia de los sueños.
Quienes temen y se excusan alumbrar al mundo,
los que hieren con sus formas angulares,
empuñaduras de cuchillos,
marcas de uña.
Aquellos de pupila agazapada
nos siguen con su ojo grande,
el ojo arrogante que adora la caída,
la oscuridad de la letra,
el agujero profundo.
Dios es para ellos un ojo resplandeciente,
de obsesiva luz,
artificial e implacable,
no la forma y saber de un iris antiguo,
la eternidad en el ojo del hombre.
El aguijón ya está muerto en nuestro costado más precario.
Los ojos abiertos, desvelados, enrojecidos,
pertenecen a su mundo.
Continuamos y los ojos caen al abismo.
Los cabellos, los dientes, las uñas
y el blanco del ojo, el de ellos,
traspasa la piel de todos.
Todos los hombres se pudren
por los corredores de una tierra irrespirable.
Allá un hombre justo,
más acá, un hombre equivocado,
muertos en ya olvidadas sequías de plomo y cobre.

III.

La historia no dice que “entre estruendosas matanzas el mundo fue
conquistado y reducido”. Elude el asco, el baño de misa negra, el
sabor amargo de la enfermedad, el color de un antiguo destino.
Es el lugar de la simulación: siempre de soslayo el sueño de los
pobres, el humo entre las estatuas de arcilla húmeda.
Alguien golpea el cemento antiguo, se sienta y se olvida del tiempo.
El cielo se llena de signos, vestigios y tormentas de injurias. Ya no
hay habitantes sobre esta colina. Excavemos el mundo de las vidas
suspendidas, comamos tierra, abramos cuartos olvidados y más
puertas para satisfacer los caprichos de los muertos.
IV.
Ya es hora. Ya es hora.
La hora del cínico se abre en la espesura de las máscaras:
la silenciosa procesión de encapuchados, el bufón de la cara tiznada,
el rey de burlas.
La mujer de la venda en los ojos enseña sus dientes alambrados.
La calavera está de posada en posada,
de círculo en círculo.
Los hombres groseros se visten de gris.
Todo alrededor de números y fantoches, y sin embargo el cínico
prefiere un mascarón: el Dios de la guerra, el de la lengua roja y su vestido de gasa.
No mires el reloj del impúdico hasta que paren las furias del mundo.
Los bordes rojos insinúan la herida abierta
y astillada,
la angustia en el fondo del cuerpo.
Quien señala,
el señor del índice,
precipita el incendio que corre por las yemas.
Todo huele a piel
y a poder cuando los hombres pierden la sangre
de las manos y de los píes.
Las luces se apagan, estalla una oscuridad sucia y un estrépito que
llega a los oídos del hombre muerto:
blasfemias y aleluyas, humo de incienso y hedor de sangre.
Las formas se abren a la penumbra, los cuerpos naufragan
en residuos.
En la noche hueca nadie cierra las heridas.
Nos desplazamos hacia corredores, senderos hostiles,
veredas hundidas en la ceniza y paredes oscuras sin salida.
La peste camina en la sombra con su malicia y su ardid.
Las luces se prenden, se escucha la hora oficial.
Triunfamos sobre la noche, pero la muerte infame, de acento extraño,
se hunde más y más en nuestra carne.
Con los píes descalzos entre el aserrín y los clavos sueltos, nos
quejamos de la luz rasante, de la noche feroz que nos ordena huir
o soportar un ultraje.
La memoria de la suciedad nos indica que el polvo tiene cicatrices y
una gruesa costra.
Escapamos a la señal de ofensa, a los impulsos de nuestra antigua
hambre,
a la fuerza que arranca un crujido de falanges, un molino de huesos.
Sin embargo el gusto por el pan áspero y seco persiste en la garganta.

V.
Traigo a la memoria el pasado de cuatro inviernos, un mundo blando

pero fatigoso a la vez, patria densa acostumbrada al barro y al
arbitrario alimento, un país de sombra que nos empuja sin tregua
contra el cielo bajo.
Sobre las tablas húmedas crujen los odios, el olvido, el amarillo de
sus márgenes.
“Balbucea, retrocede y huye”.
Huir, fugarse, eludir, evitar sin tardanza:
el éxodo comienza.
No podemos deshacernos de esta crónica sorda,
de túmulos funerarios, viejas sepulturas,
amargas moradas del exilio,
el desierto donde la memoria es un suplicio
y los caminos (divergentes, precarios, abiertos)
descienden hasta la ruina.
Calla el bastón, calla la piedra y la huella, un hueco se incrusta entre
las palabras, mordidas y despedazadas palabras.
Las preguntas mueren, sin reconciliación, sin lugar.
Sólo una mano pasa sobre la espalda empalada, los zapatos dispersos
y la piel que cuelga de un sol a cuestas.
Jamás quisiéramos morir en este cerrado horizonte, no, en ningún tiempo.
————-
Gabriel Arturo Castro es poeta y ensayista. Ganador de los premios nacionales “Aurelio Arturo” 1990 y “Ciro Mendía” 2006. Fue colaborador habitual del “Magazín Dominical” de El Espectador. Actualmente escribe en el Boletín Cultural y Bibliográfico del Banco de la República y en otros importantes medios nacionales. Ha publicado: Libro de alquimia y soledad (1992) y Alquimia de la media luna (1996).

AMBERES de Roberto Bolaño

Posted Enero 22, 2009 by Julio César Correa Díaz
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escritor chileno

escritor chileno

 

LA BARRA

 

 

 

 

Las imágenes emprenden camino y sin embargo nunca llegarán a ninguna parte, simplemente se pierden, es inútil, dice la voz, y el jorobadito se pregunta ¿inútil para quién? Los puentes romanos son ahora el azar, piensa el autor mientras las imágenes aún fulguran, no demasiado lejanas, como pueblos que el automóvil va dejando atrás. (Pero en este caso el tipo no se mueve.) «He hecho un recuento de cabezas huecas y cabezas cortadas»… «Sin duda hay más cabezas cortadas»… «Aunque en la eternidad se confunden»… Le dije a mi amiga judía que era muy triste estar horas en un bar escuchando historias sórdidas. No había nadie que tratara de cambiar de tema. La mierda goteaba de las frases a la altura de los pechos, de tal manera que no pude seguir sentado y me aproximé a la barra. Historias de policías a la caza del emigrante. Bueno, nada espectacular, por supuesto, gente nerviosa por el desempleo, etc. Éstas son las historias tristes que puedo contarte.

 

TRES AÑOS

 

La única regla que existe es una niña pelirroja observándonos al final de la reja. Bruno lo entendió igual que yo, sólo que con pasiones distintas. Los polis están cansados, hay escasez de gasolina y miles de jóvenes desempleados dando vueltas por Barcelona. (Bruno está en París, me dicen que tocando el saxo afuera del Pompidou y ya sin compañera.) Con pasos oleosos se acercan los cuatro o cinco camareros al barracón donde duermen. Uno de ellos escribió poesía, pero de eso hace demasiado tiempo. El autor dijo: «no puedo ser pesimista ni optimista, todo está determinado por el compás de espera que se manifiesta en lo que llamamos realidad». No puedo ser un escritor de ciencia ficción porque he perdido gran parte de mi inocencia y aún no me he vuelto loco… Palabras que nadie dice, que nadie está obligado a decir… Manos en proceso de fragmentación geométrica:  escritura que se sustrae así como se sustrae el amor, la amistad, los patios recurrentes de las pesadillas… Por momentos tengo la impresión de que todo esto es «interior»… Tal vez por esa razón viví solo y durante tres años no hice nada… (El tipo rara vez se lavaba, no necesitaba escribir a máquina, le bastaba sentarse en un sillón desvencijado para que las cosas huyeran por iniciativa propia)… ¿Un atardecer sorpresivo para el jorobadito? ¿Facciones de policía a menos de cinco centímetros de su rostro? ¿La lluvia realmente limpió los vidrios de la ventana?

 

AGUA CLARA DEL CAMINO

 

Lo que vendrá. El viento entre los árboles. Todo es proyección de un muchacho desamparado. Camina solo por una carretera comarcal. La boca se mueve. Vi a un grupo de gente que abría la boca sin poder hablar. La lluvia se cuela entre las agujas de los pinos. Alguien corre por el bosque. No puedes ver su rostro. Sólo la espalda. Pura violencia. (En esta escena aparece el autor con las manos en las caderas observando algo que queda fuera de la pantalla.) El viento y la lluvia entre los árboles, como una cortina de locos. Similar a un fantasma en una playa desierta: el viento mueve, levanta el pijama, lo aleja por la arena hasta hacerlo desaparecer en medio de un ataque de asma o de un largo bostezo. «Como un cohete abierto en canal»… «El modo poético de decir que ya no amas los callejones iluminados por coches patrulla»… «La melódica voz del sargento hablando con acento gallego»… «Chicos de tu edad que se conformarían con tan poco»… «Es una pena»… «Existe una especie de danza que se transforma en labios»… «Los labios modulan frases silenciosas»… Pozos de agua clara en el camino. Viste a un tipo tirado entre los árboles y seguiste corriendo. Las primeras moras silvestres de la temporada. Como los ojitos de la emoción que salía a tu encuentro.

 

COMO UN VALS

 

En el vagón una muchacha solitaria. Mira por la ventanilla. Afuera todo se desdobla: campos arados, bosques, casas blancas, pueblos, suburbios, basureros, fábricas, perros y niños que levantan la mano y dicen adiós. Apareció Lola Muriel. Agosto 1980. Sueño rostros que abren la boca y no pueden hablar. Lo intentan pero no pueden. Sus ojos azules me miran pero no pueden. Después camino por el pasillo de un hotel. Despierto transpirando. Lola tiene los ojos azules y lee los cuentos de Poe junto a la piscina, mientras las otras chicas hablan de pirámides y de selvas. Sueño que veo llover en barrios que reconozco pero en los cuales no he estado jamás. Camino por una galería solitaria. Veo rostros que abren la boca y no pueden hablar y cierran los ojos. Despierto transpirando. ¿Agosto 1980? ¿Una andaluza de dieciocho años? ¿El vigilante nocturno, loco de amor?

 

EL BAILE

 

En la terraza del bar sólo bailan tres niñas. Dos son delgadas y tienen el pelo largo. La otra es gorda, lleva el pelo más corto y es subnormal… El tipo al que perseguía Colan Yar se esfumó como mosquito en invierno… A propósito, supongo que en invierno sólo quedan los huevos de los mosquitos… Tres niñas felices y diligentes… 7 de agosto de 1980… El tipo abrió la puerta de su cuarto, encendió la luz… Tenía el rostro desencajado… Apagó la luz… No temas, aunque sólo pueda contarte estas historias tristes, no temas…

 

BAR LA PAVA, AUTOVÍA DE CASTELLDEFELS

 

(¡Todos han comido más de un plato o un plato que vale más de 200 pesetas, menos yo!)

 

Querida Lisa, hubo una vez que hablé contigo por teléfono más de una hora sin apercibirme de que habías colgado. Fue desde un teléfono público de la calle Bucareli, en la esquina del Reloj Chino. Ahora estoy en un bar de la costa catalana, me duele la garganta y tengo poco dinero. La italiana dijo que regresaba a Milán a trabajar, aunque se cansara. No sé si citaba a Pavese o realmente no tenía ganas de volver. Creo que le pediré al enfermero del camping algún antibiótico. La escena se disgrega geométricamente. Aparece una playa solitaria a las ocho de la noche, altos cirros anaranjados; a lo lejos caminan, en dirección contraria al que observa, un grupo de cinco personas en fila india. El viento levanta una cortina de arena y los cubre.

 

 

AMBERES

 

En Amberes un hombre murió al ser aplastado su automóvil por un camión cargado de cerdos. Muchos de los cerdos también murieron al volcar el camión, otros tuvieron que ser sacrificados al pie de la carretera y otros se escaparon a toda velocidad… «Has oído bien, querida, el tipo reventó mientras los cerdos pasaban por encima de su automóvil»… «En la noche, por las carreteras oscuras de Bélgica o Cataluña»… «Conversamos durante horas en un bar de las Ramblas, era verano y ella hablaba como si llevara mucho tiempo sin hacerlo»… «Cuando lo soltó todo me acarició la cara como una ciega»… «Los cerdos chillaron»… «Ella dijo me gustaría estar sola y yo pese a estar borracho entendí»… «No sé, es algo que se parece a la luna llena, chicas que en realidad son como moscas, aunque no es eso lo que quiero decir»… «Cerdos aullando en medio de la carretera, heridos o alejándose a toda prisa del camión destrozado»… «Cada palabra es inútil, cada frase, cada conversación telefónica»… «Dijo que quería estar sola»… También yo quise estar solo. En Amberes o en Barcelona. La luna. Animales que huyen. Accidente en la carretera. El miedo.

 

POSTSCRIPTUM

 

De lo perdido, de lo irremediablemente perdido, sólo deseo recuperar la disponibilidad cotidiana de mi escritura, líneas capaces de cogerme del pelo y levantarme cuando mi cuerpo ya no quiera aguantar más. (Significativo, dijo el extranjero.) A lo humano y a lo divino. Como esos versos de Leopardi que Daniel Biga recitaba en un puente nórdico para armarse de coraje, así sea mi escritura.

 

Barcelona, 1980


 

POR LA REIVINDICACION DEL CUERPO Y LA PALABRA

Posted Diciembre 15, 2008 by Julio César Correa Díaz
Categories: Hernando Ardila

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Reseña sobre la Obra Poética de Antonio Acevedo Linares

Por HERNANDO ARDILA GONZALEZ *

Presentar éste libro que compendia el trasegar de Antonio Acevedo Linares por el mundo de las letras, no puede menos que ser un privilegio y un fuerte compromiso.

Es un compromiso de quien como él, creo en la fuerza de la palabra y la misión de quien la hace. Pero no las palabras y frases de ininteligible maraña para llenar los vacíos de un papel, una hoja en blanco son tan sagradas que ya lo dijo Jaime Sabines refiriéndose a ella; “es como una mujer desnuda esperándonos”, y vaya que para el caso si que viene como anillo al dedo ésta sentencia poética, pues Antonio al enfrentar la petición, la llamada urgente que el destino hace, convierte su escritura un acto de amor y de pasión, seducido por la magia de su diosa y cómplice Afrodita, aunque en honor no es ni mucho menos el límite de su obra, pues es infinito su universo de temas.

Al leer la obra de Antonio Acevedo L, hice remembranza de los versos de Sabines, y concluyo que en los dos el éxtasis ante la bella mujer desnuda, el papel en blanco, no hay duda que les provoca orgasmos de tintas con los que sus erectas plumas, preñan los folios para hacerle parir ensoñaciones que marcan a los corazones deambulantes que pacen desesperanzados por éste valle de lágrimas.

“Recuerdo que recuerdo su nombre

sus labios, su transparente falda

tiene los pechos dulces, y de un lugar

a otro de su cuerpo hay una gran distancia

de pezón a pezón cien labios y una hora”

Jaime Sabines

Recuento de Poemas

1950 – 1993

“En un lugar de tu cuerpo

de cuyo nombre quiero acordarme

———————————————-

Cuando hundas los pómulos en la

almohada y los senos desnudos

Antonio Acevedo Linares

Arte Poética 1988

He aquí ante nuestras ávidas fantasías posibles de realidad si se incorporan al cuerpo a través de nuestro radar ocular extasiado por dos gotas de poesía transparente, aunque distantes en el tiempo, 1950, Sabines, 1988, Acevedo, aunque distantes en el espacio, México, Sabines, Colombia, Acevedo, esos versos, por solo referir un pequeño grandioso ejemplo, son dos gotas de agua cargadas de poesía provocada por la pasión que nos produce recorrer el nacarado paisaje de la diosa del amor.

Entonces pudiéramos decir, que Afrodita atemporal y universal, en Sabines y en Acevedo, tiene dos amantes evidentes que no ocupan el banco de suplentes, sino que son de lejos titulares por mérito que a diario le hacen goles de frente a Hefestos, a quien imagino provocado de lanzarle centellas sobre todo al nuestro.

Anastassia Espinel, la hermosa historiadora y escritora rusa que ancló su nave vital en nuestro puerto comunero refirió al prologar éste compendio del poeta en escenario, hace saber qué poeta no ha sido seducido por la promiscua soberana del placer que por no calentar las sábanas del dios mayor del Olimpo, Zeus fue condenada a desposarse con el hacedor de rayos para su jefecito todopoderoso, que así le premió su artesanía. Afrodita se cobra su propia factura dándose a la pluralidad de amantes que la escritora llama a lista: Ares, Hermes, Dionisos, Adonis y Anquises.

Los maestros Anastassia, en el presente compendio, Hugo Caicedo (qepd), en Arte Erótica, José Ortega Moreno, en Los Girasoles de Van Gogh, Guillermo Reyes Jurado en Atlántica, Julio César Correa, Miguel Ángel Pérez Ordóñez y Claudio Anaya, En el País de las Mariposas, todas obras del maestro Antonio Acevedo L, lo ensayan desde sus erudiciones que le ha dado tanto acumulado literario ya por la obra de cada uno o las sin duda profusas lecturas de tanto y tan buenos autores ya nuestros o de allende las fronteras.

Yo en verdad, lo reconozco, ¡no doy para tanto! cuando Antonio en un arrebato de poeta frente a las Cariátides de nuestro recinto de justicia, ahora adornado por las luces que a veces falta tanto en algunos de sus residentes bien remunerados y poco comprometidos, me pidió que hoy presentara su libro de reseñas de su obra poética, si bien es cierto en Perú tuve la honrosa primera vez, me sentí en trance por la responsabilidad de espantar la cortesía que en el escenario Inca hiciera, la responsabilidad de lo objetivo sin la perspectiva literaria, porque no la tengo y aún con ella, no lo haría, pues acá se trata de ustedes y el poeta en una simbiosis que compromete compañerismo ante todo por encima de cualquier formalidad y cualquier vana pretensión de mi parte de poner flores donde nacen silvestres y en abundancia generosa.

Así que entonces leí la obra a presentar y vaya que al ver a los maestros que a lo largo de la vida poética de Antonio Acevedo lo han venido presentando, el referente me resultó altísimo, como altísimas las pretensiones del altísimo Zeus de llegar a la altísima colina, allá donde nace la hierba púbica de la altísima deidad de los ejércitos de hormonas. Para mi caso no podía negarme a la terrenal seductora propuesta del hermano en la palabra.

Sin perder la costumbre de abogado, abrí el libro en la última página, un poco para medir la distancia que habría entre la dedicatoria que mi presentado me hiciera en su libro y la Colombia de remate, como de remate pareciera estarlo de verdad! Al terminar la lectura, en la página 64 que acabo de referirles, encontré un frío texto, que obviamente no era del autor, en lugar de folio, se me antojo estar ante una fría lápida que notificaba:

“Se terminó de imprimir…”

Me dije luego de trasegar por los comentarios de los maestros que referiré, debo esculpir sobre la tabla rasa de la hoja en blanco, algo sencillo, modesto y no algo tan subliminal como lo que han dicho quienes le han ensayado.

Ni por los codos me alcanzaría el aliento para caminar al ton y son de los maestros eruditos de semblanzas en contexto literario, filosófico, el Olimpo es alto y no soy escalador, por eso quise escribir entonces desde la superficie del fango, donde he visto la amargura cotidiana, pero también levantarse la flor de loto.

Comencé por contrariar la lapidaria sentencia del fin para recomponer diciendo “Se ha comenzado a imprimir”, por siempre sí, en la piel sensible de tantos quienes han abierto, abrimos y abrirán sus páginas tantas extasiadas y repetidas veces, como se siguen abriendo las columnas que sostienen el templo hermoso de la libido, para recibir en su fecundo grial, orgasmos infinitos de plumas erectas que preñan eternamente a la diosa Afrodita, para que ella siga pariendo poesía hasta el final de los tiempos:

A ti, cuyo trono brilla lleno de colores

Inmortal Afrodita hija de Zeus

(Safo de Lesbos citado por Anastassia)

Los maestros dan cuenta de la rebeldía de la poesía actual que no se deja encarcelar con medidas ni rimados sonsonetes como diría Guillermo Jurado, al presentar Atlántica de Antonio Acevedo Linares. Cada uno a su manera evidencia al maestro:

Sus versos vuelan libres y espontáneos como las flechas de Eros. (Anastassia Espinel)

Su discurso poético no se detiene en la apariencia del estilo, de la imaginería, de la epidermis corporal de las palabras y las frases sino que penetra al problema no resuelto de ésta sociedad de la plena realización de los cuerpos en tránsito hacia la conquista de la autodeterminación liberadora. (Hugo Caicedo Borrero)

Poesía pura de buena calidad, escrita con sentimiento y emoción pero también con talento e inteligencia creadora. (Guillermo Reyes Jurado)

Antonio Acevedo Linares, poeta, ha constituido un mundo propio que ha integrado a un país que él ve así y que el lector lo recrea. Considero que esa es la poesía (Miguel Ángel Pérez O)

Poesía de estirpe intimista y solitaria que se desgaja como una conversación anónima que flota en los vapores de la tarde y en las penumbras de la casa… (Claudio Anaya Lizarazo)

Antonio hace del verso matizándolo con los pespuntes líricos y la atmósfera filosófica latente en muchos de sus poemas… (José Ortega Moreno)

y acaso una de las opiniones que más me dio tranquilidad:

Atiende su inclinación hacia la necesidad de que la poesía no sea mera evasión, manera quizás de eludir la situación social y política que vive el país (Julio Cesar Correa).

Sí, eso mismo veo en el alma del poeta ausente ahora de los escenarios del activismo político alternativo, que no por ello capaz de seguir proponiendo desde la propuesta reflexiva de la palabra, como en su poema Poesía y armas.

Yo maestro siento por igual y le pido un poquito de su bello momento para decir al unísono desde mi propia poética que es coincidente en la palabra y en los destino: dije en uno de mis poemas concluyendo…

Mi pluma es mi fusil

y tu mi liberación

Aquí quiero decir con tono mío que el maestro Antonio Acevedo tiene su propio fantasma de pelo corto, sin barba, que vaga por oficinas y registros, es tanta la fuerza en el compromiso de aportar al evangelio humanitario, en lo que he dado en llamar la misión de la palabra libre y liberadora para redimir a la humanidad. Palabra y humanidad. Palabra y cuerpo necesitado de libertad, en el decir de nuestro poeta.

Pienso que por ello, ese fantasma no es que niegue al poeta que mira a los árboles y a las mujeres con los ojos de ternura y aniversario; creo más bien que es el salto que Antonio da y que algunos tarde que temprano daremos para dar paso a nuevos ímpetus libertarios, no somos fantasmas, pero como ellos ahuyentamos, para el caso, a la nueva generación, negándole los espacios para que ella termine la tarea que nosotros por debatir si los ángeles tenían sexo o no, dejamos a la vera del camino.

Tu poesía Antonio como un fantasma ese sí cierto, convocante y bueno, va como el espíritu comunero que nos reunió en el Segundo Encuentro de Escritores que acaba de terminar el 22 de Noviembre, lleno de espíritu de rebeldía que se posa sobre los muchachos para recordarles que amor y pasión, serán más puros, sublimes, ciertos y perdurables como los afanes deliciosos de Afrodita eterna, cuando seamos libres, libres, libres, incluso de cuerpo y alma! Dame una gotita de espacio adicional de tu bello escenario para rematar diciendo lo que seguro haz dicho por ahí en algún poema clandestino, escrito sobre alguna piel cómplice, si es que esa no es la mismísima piel de Venus.

Comí de ti

seguía comiendo

y tu mientras tanto

me hacías alimento

arrancando de mi, frutos

caudalosos blancos

los comías y bebías con ansias, con llanto.

Luego en sobremesa

se juntaron los labios

se juntaron las manos,

los ojos, los pechos

pero sobre todo

también se juntaron

nuestros corazones con propósito listo

sabiendo que afuera hay un compromiso.

Bendije dando gracias

por el manjar suculento

y fuimos al frente

para asumir la propuesta

te miraba solo con el pensamiento

y pedía al cielo,

nos trajera de vuelta

entonces triunfante

el soberano en su gesta

nos dará para siempre

¡un lugar seguro…

para nuestra mesa!

Manténgase al poeta lejos del alcance de Hefestos… torpes que no entienden de la poesía

* Casa del Cultura Custodio García Rovira

Bucaramanga, Diciembre 10 de 2008

LEÓN DARÍO GIL RAMÍREZ

Posted Julio 28, 2008 by Julio César Correa Díaz
Categories: General

 

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DIMINUTA SOLEDAD

 

León DARÍO Gil Ramírez

 

Entre las miles de sus hordas sería otra más.

Sola, es una, no más una: una migaja mágica con patas.

Qué racha de suerte negra

qué hados

qué lío con sus congéneres la extravió del camino

huyendo de un ultraje

persiguiendo un ilusivo instinto

o va gastando la postrera ración de su esperanza.

Trasponiendo escollos, regodeando charcos,

arriesgando abismos o peñascos,

impetuosa dilucidando grietas o cavernas.

Ni la tierra ni el sol

ni el hombre que la ojea

caben en sus minúsculas creencias.

Ni es nada, ni es sombra la sombra que la abruma

Y no es árbol:

es destino el árbol que trajina.

Ha llegado a la casa

si, buscándola, cualquier azar la destripa.

hojasanchas@hotmail.com

 

 

 

LA A

León Darío Gil Ramírez

 

En la tierra, en el mar, está en el aire;

en el fuego le arde en las llamas.

Atildada está en el árbol. Sin falta en las corolas de las flores.

No la lleva la sed. Dos veces la lleva el agua que la sacia.

Por ella empieza el amor y acaba la tristeza.

Al principio está y al fin de la alegría.

En la pura mitad del corazón se planta.

No la trae el ruiseñor pero la vuela y la canta.

El tren la tiene en los vagones. El botón en el ojal.

El tigre en las garras y en las rayas que lo amagian.

Se balbucea en la sílaba primera de la vida.

Arrulla en las nanas.

En la letra, en la palabra, va en la frase.

Encabezando campante el alfabeto.

Por miles se cuenta metida entre solapas.

Con la S, su vecina, es la tecla del teclado más tecleada.

No tiene sonido en el silencio.

Tres veces suena rotunda en la campana.

Se asoma donde termina la ventana.

Duplicada la ostenta la Ana en la diadema.

Es mujer aunque en mujer no vaya.

Ni en el viento ni en la nube;

sólo si el viento es ventarrón y es nubarrón la nube.

El pobre la carga en la pobreza.

Es la única vocal que necesita el alma.

Del uno al diez sólo en el cuatro se resguarda.

El crepúsculo poético la omite;

a la sombra de su T la luce la prosaica tarde.

En Dios no está que está en todas partes

ni en el sinónimo del mundo que es el universo

pero es una certeza en la migaja, en una hormiga,

en los arabescos, en la nada, en cualquier cosa.

En Aracataca engloriada se enfiesta.

La conjuraron los magos en abracadabra.

Le falta al norte al sur al occidente y al oriente;

la misteriosa brújula la tiene

y la tiene la aguja que tirita en su cuadrante.

En el desierto falla pero está presente en cada arena que lo abruma.

Y un beso no es un beso si no lo da la boca.

Desapercibida viaja en el barco con la B correcta,

un poquito apenada en el varco con la V chiquita.

No aparece en el robo. En el ladrón sí y en lo robado.

En las alas de todo lo que vuela,

en las patas de todo lo que anda.

En la cola está de la esperanza,

está en la cola de la zeta.

hojasanchas@hotmail.com

Cinco poemas de Hernando Guerra

Posted Julio 17, 2008 by Julio César Correa Díaz
Categories: General

Del libro Sombra Embestida, Colección Los Conjurados.Bogotá, 2007

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DURRELL

La ciudad cambia de nombre, se pierde con nosotros

calle abajo

 

CIUDAD ILUMINADA

Escindidos, quizás una ciudad iluminada nos mire

desde adentro.

 

Divididos desde el primer abismo.

 

Desde el primer poema exiliados en esta ciudad

que se desploma.

 

EXTRAVÍO

La ciudad está en otro lugar, el cielo se nos viene

encima como laberinto.

 

Cruzamos la noche por calles inconclusas.

 

ANTES

Calles de todos los colores rumbo al abismo. Sin

mirarnos avanzamos por la noche enfundados en

gruesos abrigos de miedo. Sin sabernos.

 

Antes de caer, al menos un trozo de sol, un pedazo

de luz,

 

o el derecho inalienable de morir.

 

DESARRAIGO

Como al principio el extravío, la separación.

Como la primera vez el desarraigo.

 

Y los años descendiendo verso a verso,

 

la frágil escalera del poema.

RESPUESTA A DOS POETAS AL FILO DE UN PARTEAGUAS

Posted Junio 18, 2008 by Julio César Correa Díaz
Categories: General

He recibido los mensajes de los poetas Juan Manuel Roca y Gabriel Jaime Franco. Entiendo el envío de los mensajes como un llamado a la toma de posición frente al reconocimiento al Festival por parte del Congreso, y no quiero pasar de agache en este debate -si es debate y no camorra-. Partamos de la desprevención y también del hecho que no es un asunto trivial el homenaje por parte del Congreso a una expresión cultural importante para el país como es el Festival de Poesía de Medellín. Me asalta la preocupación, como a todos, -incluido Prometeo- del beneficio, o el maleficio, que pueda ser un reconocimiento del actual Congreso, pero también tengo la costumbre de no ser ladino en mis opiniones: mi criterio es el que sigue frente a este hecho de la cultura colombiana:

La doble connotación: cultural y política del reconocimiento, me invita a mirar el hecho como ciudadano y no como poeta amigo de… o enemigo de… que parece haberse fundado en Colombia bandos poéticos y no corrientes críticas y literarias; resabios del pasado clerical ¿o miserias del presente aldeano de la cultura colombiana? El caso es que el empobrecimiento y la involución intelectual del país y de su inteligencia se hace evidente en la forma de tratar asuntos de la cultura, la literatura, o la política, y ese ya es un signo preocupante ante el cual es necesario superar las posiciones ladinas y enfrentar la diferencia con la argumentación, el diálogo, o la crítica de forma directa, sin las oblicuidades propias del interés individual, o del celo exacerbado ante el reconocimiento colectivo del otro que no somos.

Seamos directos y seamos también de buena fe: digamos que el poeta Juan Manuel está muy preocupado por el destino de la poesía colombiana y ve en el Festival un bien cultural que hay que defender; digamos también que la forma de cuidar el Festival es no convertirlo en instrumento político, ni en “boca de partido”, expresión que le he escuchado al poeta. Estoy en acuerdo total en este punto. Sin embargo, lo que he visto en el nuevo rumbo del Festival es su desdoblamiento en acción política de la cultura, y esto ya es otro asunto; si los poetas no son sensibles a su entorno, y con mayor razón ante el oscuro entorno que habitamos, entonces no se puede esperar de ellos más que anacronismo contemplativo y balbuceo retórico, y este último es hoy profuso.

La cultura es siempre creación poética y por supuesto construcción política. Seamos también de buena fe en reconocer que el Festival es ese doble aporte a la cultura y amerita un reconocimiento de la nación – aunque esta nación, como es hoy, no nos guste- y que ésta puede ser una forma de consolidar el Festival y los demás procesos surgidos de allí, como el Movimiento de artistas, que es ciertamente una propuesta política.

Lo que no se puede aceptar de las afirmaciones del poeta Juan Manuel, y allí no veo buena fe, es que trate de relacionar este reconocimiento con el gobierno de Uribe, cuando el esfuerzo ha venido del Polo Democrático, entonces habría que echar en el mismo saco al Polo. El dogmatismo consiste precisamente en ver en blanco y negro, es el caso de Uribe y el de algunos escritores de los medios, como Collazos quien a una propuesta de paz del Movimiento de artistas e intelectuales por la paz, respondió con el señalamiento de “aliados de los insurgentes”; ni escudero de Obdulio que fuera. ¿Es el Polo uribista por estar en el Congreso, son los senadores Germán Reyes, Alexander López, Germán Navas, Gloria Inés Ramírez, Gustavo Petro, Jaime Dussán, Jesús Bernal, Jorge Enrique Robledo, Luis Carlos Avellaneda, Orsinia Polanco, Parmenio Cuellar, Venus Albeiro Silva, y Wilson Borja congresistas de Uribe? ¿Es Piedad Córdoba una ficha de los congresistas que están en la guandoca? Afirmaciones como las que hace Juan Manuel Roca, me parece que no están respaldadas por la argumentación crítica, mas bien olfateo mucho de mezquindad y de dificultad para reconocer los méritos ajenos.

Es como decir que el día en que María Mercedes llevó de la mano a Jota Mario y Juan Manuel a una iglesia de Bogotá, a ofrecerse mutuamente perdón como un acto de paz –y ellos la siguieron- ese día Jota Mario y Roca entraron al reino de los confesos; el hecho de haber asistido a una iglesia y recibir “la paz” de la mano del cura no los convierte en poetas secuaces de Monseñor Rubiano o en cómplices del ultra godo Espíritu Santo colombiano. Estas actitudes lindan más con las acrimonias de Arquitrave que con una argumentación inteligente. Lamento profundamente la decadencia de los buenos poetas y la peripatética caída en el odio de un poeta que indudablemente ha hecho aportes a la literatura colombiana. Hay momentos en que la cultura y la vida social necesitan de las posiciones claras de sus mejores hombres, momentos cruciales de la cultura y de los pueblos en que no se pueden permitir las bajezas. Es lamentable ver a quienes hemos tenido por nuestros mayores revolcarse en las miserias de la época.

Ya va siendo hora en que las aguas vuelvan por sus cauces naturales y se reconozcan la inteligencia y la poesía, por el fuego en la frente, como nos lo enseñó Martí, el poeta amoroso de la independencia de Cuba, y no por las bajas ulceraciones. Celebro el reconocimiento que hacen la izquierda y los demócratas en el Congreso al Festival de Poesía de Medellín, su mérito es hoy incuestionable. La preocupación de los Poetas Fernando Rendón y Gabriel Jaime Franco por el crucial momento que vive el país, nos lleva a hacerles además un reconocimiento como intelectuales de la acción, así nuestras convicciones políticas corran por aguas distintas.

Si los poetas de Prometeo van como ignorantes políticos, como garzas voluntariosas, a un espacio que tradicionalmente ha sido el bebedero de las zorras legislativas, la cosa está perdida. Pero tengo la certeza de la formación política de los poetas de Prometeo, y esa es una de las cualidades del Festival: el desdoblamiento de la acción cultural en acción política. Y es más meritorio aún cuando buena parte de la intelectualidad colombiana señala al Festival con el dedo ensangrentado de la deidad vengativa que escoge la próxima víctima para el holocausto. No se han espantado los poetas de Prometeo con los señalamientos, contrariamente han tomado un aliento mayor para decirle al país frontalmente lo que piensan. Allí no hay asomo de miedo; ni el señalamiento, ni el miedo, ni los escritores oficiales callarán la voz crítica de la poesía.

Creer que el Congreso es el presidente, es tanto como pensar que el gobierno es el Estado, y esto ya manifiesta, cuando menos, una falta de información, que es preocupante cuando viene de un intelectual que trata un tema político. En Colombia todo es paradojal, y casi siempre se imponen la cerrazón y la paradoja; los llamados a abrir caminos los cierran, las voces convocantes llaman al odio, la ridiculización y la afrenta, y cuando no, al holocausto. Y esto es así porque se impone la sordidez y la maledicencia sobre esa metáfora necesaria que es la necesidad de crear un país distinto por encima de nuestras diferencias.

No es una responsabilidad menor con el país anteponer los intereses nacionales sobre los intereses individuales, o de las fracciones políticas. Los individuos que disocian y las fracciones que pretenden representar el universo social, no hacen otra cosa que ayudar a hundir al país en la fosa común de la soberbia y el conflicto insoluble, que lindan más con la neurosis que con los problemas de la política. En momentos como el que vivimos es más que ofensivo el dedicarse a enviar correos para señalar a otros. Uno quisiera que los poetas fueran hermanos, pero hay que estar preparados para la alta marea que se nos viene y nos separa, uno quisiera hacer un llamado a la conciliación, pero es el tiempo de las definiciones. Escribo con dolor estas palabras de respuesta que no desearía haber escrito jamás, lo mejor para el hombre, y más para los poetas es siempre la hermandad.

Son los tiempos, los giros de la historia, la agonía de un odio cetrero, la hora de los claudicantes, de los señaladores. Es “el tiempo de los asesinos”, pero también puede ser, precisamente éste, el tiempo de la dignidad.

Sobre el Movimiento de artistas e intelectuales

Con las piedras que nos han arrojado hemos ido construyendo, piedra sobre piedra, una fortaleza. El odio subterráneo lo exhumamos para exponerlo ante todos como afrenta colectiva, y luego lo vamos transformando, con el barro de de la poesía, en fuerza para la creación. Porque vamos hacia la raíz del conflicto colombiano somos señalados de radicales, término que bien nos define, y no el de “tibios” o medianos, y mucho menos el de oscuros. El Movimiento es una fuerza amorosa, no contemplativa ni conciliadora; amorosa en el sentido martiano, es decir, una fuerza de la acción creadora, un espacio abierto para la luz en medio de la oscura manigua de nuestra realidad; no es la contemplación desesperanzada e indolente. No somos el que lanza la ofensa y esconde la boca, sino el Movimiento que expresa sus ideas con claridad y avanza, y vamos hacia la vida, huyendo de una realidad ominosa. Huimos de las fuerzas de la muerte para construir otro país, otra vida. Huimos creando al lado de las fuerzas de la vida. Trabajamos sobre ese vacío que han dejado el odio y la muerte; juntamos nuestras partes resquebrajadas, las recomponemos y volvemos a andar, con todo aquel que quiera trabajar por la paz de Colombia, desde la resignificación misma del término “Paz”, que es acuerdo entre los colombianos, pero también ruptura con las actitudes negativas de la ausencia de diálogo, la desidia, la actitud ladina y la mezquindad, que son las fuerzas culturales que sostienen este engranaje de muerte.

Y Paz también es un país distinto, no el de las madres lactantes de las comunidades ancestrales durmiendo bajo los gélidos puentes urbanos, miradas con desdén por transeúntes tan fríos como las fosas comunes de este gobierno de la muerte. Paz no es el país de los campesinos que piden tierra y son arrojados bajo la tierra que piden. No el país de la mezquindad, nunca el país de los poetas que desconocen la noción de fraternidad. Y sin embargo es mejor la ruptura definitiva que abre las compuertas de una cultura estancada, que el hermanarse en las medianías, o haciendo tabla rasa por lo bajo. Es necesario desgarrar este manto de sombras para que sea posible la luz, todos los días lo aprendemos del sol.

Álvaro Marín

Mensajes recibidos:

<juan_manuelroca@hotmail.com>

paraalvaro marín <alvmarin@gmail.com>

Así, querido Gabriel, que leerán poemas en el Congreso y que están pedientes del aval presidencial, de que les firme la importacia del festival un poeta de grades kilates, el doctor Álvaro Uribe Vélez. Qué bien. Les deseo la mejor de las fortunas. Lo único malo es que la lectura en el honorable Congreso tendrá muchas sillas vacías. ¿No piensan en hacer una teleconferencia para el resto de los congresistas del gobierno que están en la guandoca? Échenle cabeza al asunto, camaradas. Juan Manuel Roca

gabrieljaimef@yahoo.es>

paraalvmarin@gmail.com>

— El lun, 9/6/08, Gabriel Jaime Franco Uribe <gabrieljaimef@yahoo.es> escribió:

Pues sí, querido Juan Manuel. Tu ironía no socava ninguna de mis convicciones. La Ley que declara al Festival como Patrimonio Cultural de la Nación fue una iniciativa de congresistas de la bancada del Polo, no del presidente (que por lo demás probablemente no sancionará la Ley , como ya lo dio a entender el Ministro de Hacienda a Germán Reyes). Para nosotros es importante la Ley porque le brinda un blindaje al Festival (y de paso a algunos de nosotros), y porque no deja los apoyos a merced de la voluntad o de las veleidades de cualquier ministro o presidente de turno: se trata exactamente de un triunfo de la izquierda sobre el ejecutivo, así no te guste. Respecto a la lectura en el Congreso: también fue solicitada por representantes del Polo, y sin duda tendrá muchas sillas vacías, no sólo por la sana ausencia de los congresistas que están en la guandoca, sino porque a muchos otros congresistas la poesía simplemente les interesa un comino. Pero sucede que tendremos transmisión en directo por TV., y ahí nosotros podremos decirle al país lo que pensamos, así eso que pensamos no le guste a ninguno de la derecha y a algunos de la izquierda o que dicen estar en ella. Nosotros por lo menos no nos hacemos los mudos ni hacemos mutis por el foro, ni aceptamos viajes al exterior con dineros de la Cancillería o la Presidencia. Y tu ironía sobre la teleconferencia muestra más resentimiento que argumentos.

Gabriel

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EL SENDERO ILUMINADO/ de José Ortega Moreno

Posted Junio 17, 2008 by Julio César Correa Díaz
Categories: haikú, poeta, santander

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1

Somos ríos

nos encontraremos en el mar

allí mismo moriremos


2

Alcanzo la cima de la montaña

Y aun en la cúspide

no termino por conocerme


3


Todas las noches

la luna deja perlas de rocío

sobre los pétalos de las flores


4


Los sauces en grupo

mientras se inclinan sobre el agua

conversan al atardecer


5

Al ascender la montaña

geranios

mi cabeza llena de sueños


6

En perfume transformado

el jazmín ha desaparecido

bajo la luna


7

Toda carta que llega

tiene el suave aleteo

de una paloma en el tejado


8

En el pentagrama de la brisa

los pájaros escriben

la partitura de su canto


9

Recorro el territorio de tu piel

E insomne busco

Donde sembrar mi cuerpo


10

Cuando estoy despierto

mi alma duerme

mas cuando duermo

un ave vuela por el infinito


JOSE
ORTEGA MORENO. Poeta y docente santandereano. Su vasta producción
incluye el gusto por esta dificil manera de expresar el mundo: el
haikú. Se puede afirmar que este poeta es, de alguna manera, uno de los
pocos referentes válidos de la poesía que se cultiva y se escribe en
Santander (Colombia), referente por cuanto su presencia y su
importancia son indiscutibles. De una fina sensibilidad que lo ha
llevado a mostrar en la región lo que muchos otros, quizás con más
“gloria”, no han podido: que la poesía no es un asunto de centros
literarios, ni de homenajes a las reinas de belleza o un simple
pasatiempo; por el contrario, para José Ortega la poesía es una manera
de ser y de habitar este mundo.

POEMAS DE JOSÉ ZULETA ORTIZ

Posted Junio 6, 2008 by Julio César Correa Díaz
Categories: Poesía

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Libro Mirar otro mar

Tiempo acidulce

Fue durante esa naranja,
durante el verde de sus luces,
intermitentes aleteaban sus párpados
mirando, comprendiendo…
Fue alrededor de esa tarde,
durante la acidulce naranja.
Arracimadas las palabras no dichas.
La proa del mentón sollozando,
rompiendo corales de colores.
Fue durante esa naranja
casco a casco…
cuando por no ser dicha
se arruinó nuestra dicha.

* * *

Cantar dentro de ti

Lo mejor de ti son tus silencios
espera de mango,
distancia de naranja,
recuerdo de fragancias,
hambre de pomas rosas,
ausencia de peces
bajo el agua.
Ver tus manjares intactos
tu hambre,
tu sed de voz, de charla,
de mano en mano.
Sólo pienso en tu noche central
en la ardida agitación de tus laderas
vencer el trigo de tu verano
erguirme en ti
y cantar adentro.

* * *

Intensidad

En las arduas colinas
ha cesado la lluvia,
las hermanas duermen
la siesta de la tarde,
el ramal crea las sombras,
cruza leve la luz
y se detiene a ofrecernos
con la intensidad de un milagro
el nítido fulgor del metal
engastado en el lomo
del escarabajo.

* * *

Insectos

Frenéticas vidas rutilantes,
joyas aladas,
engastadas presencias…
luciérnagas, gotas
en la noche encendidas…
leves invitaciones en el aire
fulgores apacibles,
fugaces sonrisas del misterio
nocturno.

* * *

Gratitud

Atisbo la infancia como un débil fulgor
de imágenes remotas.
Atrás todo es soluble:
recuerdos confundiendo aromas y sabores,
infancia y sed, caricias y castigos.
Música en el silencio del patio.
Esplendor de una niña cruzando la paz de
mi nombre,
el gato dormido sobre el perro que sueña,
la radio cantando, el vapor, las lentejas,
la salvadora voz de una madre reciente
entibiando el miedo de la noche.
La armonía de palabras que leía mi padre,
los globos ardiendo en el aire feliz
de las noches de diciembre,
la luz casi mía en los ojos de mi hermano,
mis hermanas bañándose en la lluvia.
El placer glaciar de un helado de lulo,
el conejo de la luna en la luna,
el mensaje perdido en la cometa enredada,
el mar inaugurando la alegría del cuerpo.
La fugaz emoción del pez en mis manos,
el ladrón de Bagdad,
la enfermera, el remedio de su risa,
el ajedrez donde fui peón, dama y monarca,
la nariz reventada por el honor de mi casa.
el susurro de azúcar en la flauta traversa.
La nítida sorpresa de un pájaro,
la oración que aprendí a escondidas y que decía
en silencio para no molestar
al padre ateo que Dios me dio.

Atisbo la infancia disuelta en olvidos
y sé que en ella está todo cuanto puedo cantar.

* * *

José Zuleta Ortiz (Bogotá, 1960), director de la Fundación Estanislao Zuleta y codirector de la Revista de Poesía Clave. Obtuvo el Primer Premio Nacional de Poesía “Carlos Héctor Trejos” (Riosucio, Caldas, 2002) con el libro “Las alas del súbdito”, y el Premio Nacional de Poesía “Descanse en paz la guerra” con la obra “Música para desplazados” (Casa de Poesía Silva, Bogotá, 2003). Ha publicado, además, “La línea de menta” (Univalle, 2005) y “Mirar otro mar” (Hombre Nuevo Editores, 2006). Fundador del Centro Literario León de Greiff (1978), Fundador y miembro del Consejo Editorial de la Revista Luciérnaga (1981) y colaborador de los suplementos dominicales de El Espectador y El País desde 1985, así como de diversas revistas literarias. Reside en Cali desde 1975.

Retratos de Café

Posted Mayo 13, 2008 by Julio César Correa Díaz
Categories: Julio César Correa


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