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Por ANTONIO ACEVEDO LINARES *

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El escritor santandereano Jaime Álvarez Gutiérrez, nacido en San Gil el 20 de noviembre de 1923, un hombre que a sus más de ochenta años viste impecablemente de blanco y sombrero todos los días, es autor de las novelas Las putas también van al cielo, La cruz trenca, El chispeante epitafista Don Ludovico Di Betto, Matrioshka trierótica para su corrección, junto con varios libros de cuentos como Carta al Rey, Par mestizos y Póquer de ases, y es también autor de la investigación en la queinvirtió 36 años de su vida y que publicó en su sello editorial Cabra Mocha en donde ha publicado la mayoría de sus obras, titulada Los Guanes con el código, las claves, los glifos y la revelación de su increíble calendario.

La investigación se centró en la revelación de la astronomía de los indios guanes y sus matemáticas crípticas. Sin ser Álvarez Gutiérrez un antropólogo, y apenas con su magistral pluma de escritor, nos descubre en una lectura increíble, las revelaciones arqueo-matemáticas de los precolombinos guanes que nos lleva hasta el fondo de las raíces perdidas de nuestros ancestros. Se señala en la contraportada de su libro que las revelaciones que nos descubre se parecen a las que hizo en su época Champollion en Francia, cuando nos develo los jeroglíficos epigcios en la piedra Roseta.

Como ya es de histórico conocimiento, el territorio de Santander en su época precolombina estuvo habitado por los indios yariguies, los chitareros, los laches y los guanes. Los guanes pertenecían a la familia de los chibchas y tenían como actividad principal, la agricultura, además de la cerámica, la orfebrería y el comercio. El primer conquistador que piso territorio santandereano fue el español Antonio de Lebrija en 1529.A partir de 1540 Martín Galeano reconoció la mayor parte del territorio mientras los aborígenes pasaron a dedicarse a la agricultura y a la actividad febril, ocupaciones por las que tenían que pagar un tributo al Rey. El aumento continuo de estos tributos fue lo que provocó el estallido de la rebelión comunera que se inicio el 6 de marzo de 1781. El primer movimiento insurgente contra el imperio español.

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LA CULTURA GUANE Y EL CALENDARIO

Los guanes emplearon la escritura ideogràfica donde se representaba por símiles a los objetos, las personas y los acontecimientos. Las figuras humanas eran representadas en forma simbólicas como ranas, monos o figuras geométricas. Fueron degolladores de niños en rituales de sacrificio a sus dioses, con cuchillos de caña eran degollados y la sangre vertida sobre las peñas en ofrecimiento al Sol. La numeración y el cálculo del tiempo eran señalados con los dedos de los pies, anteponiendo la palabra quijicha. Al número veinte llamaban Gueta. El jeroglífico del tiempo era un poste, una cuerda atada a la parte alta, aludiendo así al sacrificio del Gueza (niño) al que inmolaban atado al palo indicador del adelanto de la luz solar, al concluir el periodo de veinte años lunares, según lo describe Isaías Ardila Díaz en su conocido libro, El pueblo de los guanes ( Instituto Colombiano de Cultura, Bogotá, 1986) uno de los libros que sirvió de importante fuente bibliográfica al escritor para su investigación con respecto a la cultura guane.

El calendario guane, según el autor de esta investigación, “es un sistema de notación simbólica, numérica, matemática y astronómica, realizada con glifos incisos en diversas piezas o cuentas, referentes todas al cómputo del tiempo, que consideran e involucran como sus partes integrantes, los días o soles, las semanas de tres o de màs días, las lunaciones o meses lunares, los años solares, los siglos y las edades”. Su origen etimológico proviene de la voz griega calendas, palabra con la que los romanos designaban el primer día de cada mes. El calendario guane, según se descifra de esta investigación, es un sistema tecnológico del hombre americano precolombino que era utilizado para fijar, contar y calcular, predecir el tiempo, los hechos y los fenómenos climáticos, y contar los días, los meses y los años. Se fijaban en él los hechos cívicos, agrícolas, religiosos, médicos, culturales y sociales de la cultura guane. Se predecían las épocas de lluvia, la de siembra, las cosechas, las tormentas, las heladas, las granizadas, los inviernos y los veranos.

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Los guanes al día lo llamaban zua. Al día lo dividían en dos partes: mañana, suamena o mena y a la tarde, suameca o meca. La noche era llamada zajasa. La primera mitad de la noche, zasca o zaca y a la segunda mitad caqui o zagui. Los meses eran contados por lunas, con sus menguantes y sus crecientes, dividiendo cada una de estas en dos partes en otras dos, resultando así cuatro partes del mes, nuestras semanas. Dividían el mes por las fases de la luna, comenzaban a contarlo desde el plenilunio que ellos llamaban Ubchihica. El pasado era llamado por los guanes, Zocamana, y el año presente, Zocamata. La ubicación geográfica de este calendario guane en su descubrimiento fue hallado en una cueva o adivinatorio en las estribaciones de la Mesa de los Xeridas o Jèridas, conocida actualmente con el nombre de la Mesa de los Santos. Álvarez Gutiérrez señala que el hallazgo del calendario guane es obra anónima, pero que su descubrimiento y revelación de los glifos es obra de su larga y ardua investigación de màs de cuarenta años.

La obra se divide en diez capítulos que comprende la descripción del territorio, la cultura, el idioma, el color y la fisonomía de los guanes. Se describe su alimentación, sus dioses y creencias, su organización social y sus leyes. El intento de invasión al territorio guane por parte de Ambrosio Alfinger y la descripción de las batallas con los Yariguies. Se narra la declinación y la desaparición de la población guane, sus orígenes, sus mitos y leyendas. Sobre los glifos y la numeración guane se narra como contaban los guanes los años y como se ejercían sus cultos al sol. Se señala al conquistador Martin Galeano como el exterminador de los guanes y el autor analiza la mal llamada conquista del imperio chibcha y guane para irnos adentrando magistralmente al calendario guane sobre los números, la numeración y la espiral, la fonética y la lengua, la interpretación de los glifos y la reconstrucción de cómo contaban, con sus significados y símbolos, los días, los meses y los años.

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Álvarez Gutiérrez en su investigación analiza como los guanes configuraron su calendario basado en importantes hechos de su historia y propone la construcción del Templo del Sol Guane en el futuro, en algún lugar de la Mesa de los Santos. Los guanes con el código, las claves, los glifos y la revelación de su increíble calendarioes una obra meritoria y bien documentada que va a la búsqueda de nuestras raíces indígenas y está dedicada a la memoria de Juan de Dios Arias, el historiador, folclorista y educador santandereano que otrora fuera “piedra angular” de la Academia de Historia de Santander y que según el autor la Academia se “ olvido del pasado, de su propósito, de la esencia de su vocación y de su divisa, como era la de llegar a ser “despertadora de vocaciones históricas” en palabras de Arias, y que hoy en día no es ni la sombra de su proyecto original”, reitera además Álvarez Gutiérrez en su dedicatoria-carta, que es una “Academia honorífica” que se ha convertido en una “comedia semanal para rendirle honor al deshonor, mediante el lucimiento de lazos nobles y medallas conmemorativas, que premian con falsas ilusiones el soterrado e indigno salario de las genuflexiones que le imponen algunos zafios e intercesores a los aspirantes a una medallita de latón” para concluir que la “Academia como la Nación está enferma ”y que todo no podía estar peor estando la Academia en manos de un prestamista, usurero y vendedor de espaguetis.

La interpretación del calendario guane se terminó de escribir, escribió Álvarez Gutiérrez al final de su libro, en la ciudad de Pembroke Pines, Century Village, Estados Unidos, el día 15 de marzo de 2002 en donde mantiene las piezas del calendario y según su audaz teoría “el calendario guane es el origen de todos los calendarios mayas, azteca y de los calendarios centroamericanos que vino a estas tierras atado al cuello de los sabios matemáticos guanes con Bochica a la cabeza, quienes lo difundieron de norte a sur, junto con sus números ordinarios”.

* Poeta y Sociólogo. Magíster en Filosofía Latinoamericana con Especialización en Educación en Filosofía Colombiana y Especialización en Filosofía Política Contemporánea.

JAIME ALVAREZ GUTIERREZ

Teléfono: 6474881

LA CULTURA EN SANTANDER

Publicado: junio 15, 2007 en Antonio Acevedo Linares


Por ANTONIO ACEVEDO LINARES *

Son tal vez los pintores los que en Santander más gozan de espacios y convocatorias, catálogos y patrocinios para la exposición de su arte. Somos una región de pintores o de artistas plásticos como se denominan ahora, tal vez porque fuimos un pueblo agricultor y de allí esa destreza de la mano y esa introspección del paisaje y de la luz característica de Santander. El cuadro como adorno en la pared hace que sea un arte que comercialmente venda mejor. Observar un cuadro no es mucho el esfuerzo que hay que hacer y si nos refleja con imágenes de colores como paisaje, rostro o ciudad. Con la literatura es distinto, tal vez por eso no abundan mucho actualmente los poetas, ni los cuentistas o novelistas. El lenguaje literario es el instrumento más difícil de trabajar y sus imágenes a veces son el resultado del delirio del autor, allí están en juego la imaginación, la técnica narrativa, el poder de fabulación etc, el don de la palabra es algo que está en los genes, eso explica porque la literatura en Santander es más bien escasa, y además una condición esencial para su interés y creación es la cultura, eso podría explicar provisionalmente porque no son más frecuentes las convocatorias, los concursos, los patrocinios, las lecturas o las publicaciones para los escritores, o tal vez porque, como dijera Saint-John Perse, los poetas son la mala conciencia de su tiempo.

Las leyes del mercado del libro en Colombia se miden también por la ley de la oferta y la demanda. Una editorial no publica a un autor que no garantice la venta de su libro aunque todavía se diga que la poesía no es un buen negocio en Colombia, que los libros de poesía no se venden, etc. Los editores publican libros que comercialmente vendan sin importar mucho el género o la calidad estética, lo que se debe garantizar principalmente es su venta. La poesía es un arte de minorías porque no se ha aprendido aún a gozar de su espíritu y se tiene todavía una visión muy sentimental de ella, se cree que el poeta anda en las nubes y que leer poesía es falta de oficio o es un arte inoficioso. Ante todas estas razones se cree que se debería escribir la poesía como un “hobby”. Nada más ajeno al espíritu del poeta verdadero, la poesía es su pasión y es la razón de ser de su vida. Los poetas de fin de semana no llegan muy lejos y además a los buenos poetas no los hacen los lectores, esto es, aunque en la actualidad haya poco interés por este género, siempre habrá poetas. El poeta escribe así lo lean o no, así lo publiquen o no. La historia de la literatura está llena de poetas que no publicaron o no fueron reconocidos en vida, sin embargo nunca dejaron de escribir. La poesía es una pasión, un estigma o un vicio; el poeta escribe para si mismo y si los hombres se identifican con su obra, magnífico, pero no es su afán convertirse en una vedette, esto es, ser popular o famoso, porque entre otras cosas puede ser contraproducente para su oficio literario. Los malos poetas salen hasta por la televisión, decía Milcíades Arévalo, el director de Puesto de Combate, la revista de la sociedad de la imaginación editada en Bogotá que más ha publicado a los poetas en Colombia.

Son poco los talleres de escritores o lectores que existen en la ciudad o la región, y los pocos que puedan existir funcionan como rebaja de penas para prisioneros en la cárcel Modelo o como sucedáneo para la fatiga de la academia en la universidad pública (aunque la poesía de taller son como los niños de probeta, como el amor es más hermoso a la antigua). Desde los tiempos de la revista literaria Tierra Nativa o el Gran Burundú-Burundá, los escritores y poetas en Santander no hemos podido asociarnos alrededor de una revista (indudablemente por falta de apoyo económico) que amplíe los espacios y contribuya a la difusión de la literatura, sin embargo en Bucaramanga una propuesta literaria como la ESKINA, cartel de la poesía que dirige Javier Félix y Claudio Anaya Lizarazo, con el auspicio de Sic Editorial, es un desafío a la escasa circulación de la poesía que intenta darle voz y rostro a los poetas de la ciudad. En las carteleras de colegios, universidades, bibliotecas, conjuntos residenciales, restaurantes etc, se fija su presencia como una alternativa literaria que reivindica el poder, el valor y la imaginación de la palabra poética. En la ciudad también se registra otro fenómeno en torno a la poesía y es la de “La Casa de los poetas,”corporación que los asocia, donde ninguno lo es, pero la poesía ha servido como terapia ocupacional para sexagenarios.

Santander es de las pocas regiones donde no funciona el Fondo Mixto Departamental que es una entidad fantasma que solo figura en el papel, y que genera un desangre presupuestal en nómina sin que se lleven a cabo proyectos culturales, entidad que en otras regiones es la que más ha publicado a sus escritores y poetas y que permanentemente hacen presencia en las ferias del libro en el país. Desde la liquidación y desaparición de la Dirección de Cultura Artística de Santander, DICAS y a pesar de la creación de la Escuela de Bellas Artes de la UIS, no se ha llenado el vacío que dejó esta entidad de formación artística por donde pasaron y se formaron muchas generaciones de artistas santandereanos en la música, el teatro, la danza, la pintura, la escultura etc. La cultura también se ha privatizado con la creación de nuevas escuelas de música en las universidades, pero también se han creado nuevos proyectos regionales como Espacios Alternos que promueven exposiciones de los artistas plásticos.

El Fondo Bibliográfico Regional, que fue un proyecto del Instituto Municipal de Cultura para publicar a los escritores en Santander, está muerto y todo parece indicar que no se va a volver a convocar. Su primera publicación fue de exiguos cien ejemplares por libro de los cuales se publicaron cinco libros (novela, cuentos y ensayo filosófico) y hubo que insistir dos años largos para su publicación luego de que un jurado diera su fallo. A su vez la Biblioteca Departamental, valiosa por sus archivos y la colección de libros de autores santandereanos, se ha dejado a su suerte en franco deterioro arrumada en algún rincón de la llamada ahora Casa Mutis, antes Luís Perú de la Croix. El sector cultural debería lanzar un S.O.S. por su recuperación. En Santander las casas de la cultura cumplen una labor silenciosa en la formación de lectores y exposición de las obras de los artistas, pero requieren de mayores incentivos presupuestales para elevar su nivel de formación en los talleres artísticos. La creación de bibliotecas y la dotación de libros por parte del Ministerio de Cultura ha sido oportuna en la región, como por ejemplo en la Casa de la Cultura de Cimitarra y Barbosa, para solo mencionar esas dos. Por su parte, en el Consejo de Cultura Municipal, en el área de literatura, figuran individuos que no representan al sector de los escritores, pero que por el amiguismo llegan a estas consejerías y solo trabajan para su propio beneficio, y con su actitud negligente demuestran la pobre capacidad de gestión cultural, conocimiento y valoración de los escritores de la ciudad. Su resentimiento y desidia les impide trabajar por el sector que los eligió y así torpedean el trabajo que por la literatura se quiere hacer en la ciudad. Se hacen elegir en representación de los escritores pero no son escritores ni simpatizan con sus causas y oficios. Se han reconocido como comerciantes pero para los proyectos culturales carecen de ideas y propuestas y las que proponen son visiblemente provincianas.

Son ejemplo de trabajo en el Consejo de Cultura Municipal, en las áreas de Teatro y Artes Plásticas, Jaime Lizarazo (Llevó a cabo el Primer Festival Nacional de Teatro, Santander en Escena que proyectó que el teatro santandereano logrará participar este año en el Festival de Teatro de Medellín, el Festival Latinoamericano de Teatro de Manizales y el Festival Nacional de Teatro de Cali) y Walter Gómez. (Ha convocado a exposiciones a los artistas plásticos en la sala de la Biblioteca Pública Gabriel Turbay y es designado para ejercer la Coordinación de la Zona Oriente del Salón Regional de Artistas, convocado por el Ministerio de Cultura). Hay que hacer justicia poética de las actividades culturales en beneficio de la cultura regional por los resultados visibles de la gestión que hasta el momento no se ha visto en el área de literatura. Los escritores y el sector literario (profesores de literatura, estudiantes, lectores, etc) están en mora de nombrar a un auténtico representante en el Consejo de Cultura Municipal que trabaje seriamente por el sector en beneficio de la literatura en Santander.

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El periodismo cultural en Santander, aparte del que pueda originar las emisoras culturales UIS Stéreo y la Luis Carlos Galán Sarmiento y el suplemento Vanguardia & Cultura, casi no existe, los medios privilegian el deporte, la farándula y las reyertas de la clase política. Los temas de la cultura y sus creadores son para el final de los noticieros o como notas de relleno. La actividad política parece ser la fuente principal de los medios, tal vez por ese maridaje que siempre ha existido entre periodismo y política en tanto que los periódicos en Colombia surgieron como un instrumento político de los partidos. La noticia cultural todavía no es consumida como las otras noticias de los periódicos y la televisión, y en los canales regionales tampoco la cultura tiene un programa destinado a sus creadores.

Las comparaciones son odiosas, como dicen las señoras, pero en Santander en relación con ciudades como Medellín o Bogotá en el fomento o auspicio de la cultura, es una región que todavía no ha comprendido y valorado su importancia social para su contribución en el desarrollo económico, y que atrapada en el prejuicio o complejo social de que la cultura no da dinero, es un renglón de la economía que no ha sido lo suficientemente explorado y explotado. El turismo cultural, por ejemplo, no ha sido promocionado lo suficiente a pesar de que en la región hay numerosos atractivos naturales e históricos que podrían hacer parte de los paquetes turísticos y aunque hay una incipiente conformación de la microempresa cultural en artesanías, podría convertirse en un renglón importante de nuestra economía si la empresa cultural que es otra franja de la economía en la que se podría incursionar con éxito, supera el síndrome de que la cultura no es rentable.

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Los burócratas de la cultura (que además nunca han tenido un discurso sobre la cultura) y que lamentablemente también existen en Santander, han ejercido el poder para excluir o ignorar y han creado sus propias roscas o cuotas políticas que usufructúan conferencias, talleres o lecturas. En la burocracia cultural no nos salvamos tampoco del tráfico de influencias o el amiguismo. Desde universidades, alianzas, extensión o área cultural y academias han ignorado y subestimado la creación artística y la producción intelectual de los nuevos jóvenes escritores y poetas nuestros. Nunca tienen propuestas para la divulgación o la publicación de sus trabajos ni facilitan los espacios para los lanzamientos de libros de los autores regionales. Han ignorado olímpicamente los creadores y sus obras. Son los que con su desidia administrativa también han contribuido a mantenerlos en la marginalidad. Se dice que nadie es profeta en su tierra pero es en la propia tierra nuestra en donde debemos comenzar a valorarnos para que nos reconozcamos en los otros que son los que nos dan plena identidad y existencia, como decía Octavio Paz.

Construir ciudad o región es también hacerlo mediante la cultura y no quedarse en las obras de cemento. Las obras del espíritu y de la imaginación son las que dan identidad y reconocimiento a lo que somos y reconocerse a si mismos es fortalecer los signos de pertenencia. Santander y su capital en la literatura regional han sido noveladas y cantadas por sus escritores y poetas, sin embargo no se han fortalecido en sus imaginarios. La memoria de una ciudad, una región o un país no se conserva por sus libros de historia únicamente, sino fundamentalmente por su creación literaria; su poesía, sus novelas, etc. Ernesto Sábato ha señalado (El escritor y sus fantasmas, Seix Barral, 1963) que el artista es el único por excelencia, es el que gracias a su incapacidad de adaptación, a su rebeldía, a su locura, ha conservado paradojalmente los atributos más preciosos del ser humano y que la literatura no es un pasatiempo ni una evasión, sino una forma, quizá la más completa y profunda, de examinar la condición humana.s a su incapacidad de adaptaci Barral,1963) as obras del espiritulorado y emento.

* Poeta y Sociólogo. Ha publicado los libros de poesía: Arte Erótica, 1988. Los girasoles de Van Gogh, (Antología poética, 1980-1999) Vol 1, 1999. Atlántica, (Antología poética, 1980-2004) Vol 2, 2004. CD, Poesía de Viva Voz, 2004. Su próxima publicación; En el país de las mariposas, (Antología Poética 1980-2005) Vol 3, 2006. antonioacevedolinares@msn.com.

UNA CULTURA POETIZADA

Publicado: mayo 7, 2007 en Antonio Acevedo Linares

Por ANTONIO ACEVEDO LINARES *

Richard Rorty hace una defensa de las instituciones y la cultura de una sociedad liberal fundada por un léxico de la reflexión moral y política. Piensa que el léxico del racionalismo ilustrado se ha convertido en un obstáculo para la preservación y el progreso de las sociedades democráticas, y hace la fundamentación de un ideal en el sentido de construir una cultura del liberalismo como una cultura ilustrada y secular dentro de una concepción que se ajuste a una organización política liberal y fundamenta la libertad como un reconocimiento y afirma que ese reconocimiento es la principal virtud de los miembros de una sociedad liberal y que la cultura de esa sociedad debería tener como objetivo curarnos de nuestra ” profunda necesidad metafísica”.

La cultura liberal, afirma Rorty, (Contingencia, ironía y solidaridad. Paidos, 1991) necesita de una mejor descripción antes que de un conjunto de fundamentos. La idea de una cultura liberal de fundamentos, fue el resultado del cientificismo de la Ilustración. El pensamiento liberal del siglo XVIII, intentó asociarse con el desarrollo cultural más ilustrado su época, a saber, las ciencias naturales. La ilustración, sacralizó parte de su retórica alrededor de la figura del científico como un mensajero de Dios que lograba ponerse en contacto con las verdades no terrenales. La búsqueda de un estatuto intenta encontrarlo Rorty en la literatura y la política. Un estatuto para la sociedad liberal en donde la cultura puede ser en su conjunto “poetizada”. Una organización política liberal estaría constituida para Rorty por el poeta y el revolucionario como el ideal cultural a la que esa sociedad debe aspirar, y no definirse por el guerrero o sacerdote. Una cultura así definida se deslindaría del léxico de la ilustración. Una sociedad liberal tiene sus héroes en el poeta y el revolucionario en tanto que son la conciencia de la sociedad y están en contra de todo aquello que no defina un reconocimiento de la sociedad en sí misma.

Los ideales de la sociedad liberal se pueda alcanzar, afirma Rorty, por una vía distinta de la fuerza como la persuasión, antes que por la revolución por la reformas, mediante un enfrentamiento libre y abierto de las prácticas lingüísticas o de otra naturaleza. El propósito de la sociedad liberal es la libertad, ver los diferentes enfrentamientos y aceptar los resultados. No tiene más propósito que hacerles la vida fácil a los poetas y a los revolucionarios que se reconocen en ella, mientras ellos asumen la conciencia crítica de la sociedad haciendo la vida más difícil para ella. La palabra sería el arma del poeta. La utopía liberal de Rorty está concebida con individuos que perciban la contingencia de su lenguaje de deliberación moral y de su conciencia y de su comunidad. La comunidad estética pensada por Rorty tiene como fundamento un reconocimiento del otro a través de la conversación. Un diálogo estético donde el hombre se reconoce y se afirma. En Rorty no es importante la búsqueda de los fundamentos últimos de la cultura como era concebido por los ideales de la ilustración sino en su conjunto poetizar la cultura en el sentido de buscar un léxico que la describa de acuerdo a los referentes históricos y que gire entorno a las nociones de metáforas y de la creación de sí mismo y no entorno a las nociones de verdad, racionalidad y obligación moral. Una cultura poetizada reconocería su carácter de contingencia frente a cualquier pretensión de universalidad o absolutismo. Una cultura poetizada es la cultura que ha renunciado al intento de unificar las formas privadas de la producción de las fantasías para hacerlas extensivas al resto de la sociedad y no está fundada sobre presupuestos de divinidad sino en un cambio de léxico antes que de un cambio de creencias.

El ciudadano de este estado liberal en Rorty concibe el lenguaje, la conciencia y la moralidad como productos contingentes, como metáforas que alguna vez fueron creadas de manera accidental. El ciudadano ideal estaría representado por el poeta y el revolucionario utópico y no por los individuos que han fundado una verdad eterna para el mundo o la humanidad. El ciudadano ideal sería el “ironista liberal “que tiene conciencia de su propia contingencia y que reconoce la imposibilidad de elevarse por encima del lenguaje, de las instituciones y de las prácticas del momento histórico en que vive y que concilian el compromiso de ese momento histórico con la contingencia de su propio compromiso. El terminó ironista, afirma Rorty, hace referencia al individuo que reconoce la contingencia de sus creencias y deseos. Ese ironismo pretende Rorty que sea universal y llama ironista al individuo que tenga dudas radicales y permanente con respecto al léxico que utiliza, cuando advierte que un argumento formulado con su léxico no elimina las dudas, y cuando su léxico no se haya más cerca de la realidad que los otros. El ironista concibe los léxicos como hallazgos poéticos antes que como resultado de una investigación. En esta ideal sociedad liberal, el intelectual sería un ironista que haría parte de una cultura liberal ironista.

La sociedad liberal en Rorty se funda en presupuestos no ” racionalistas ” o “universalistas “, esto es, se hace necesario una redescripción del liberalismo que no pretenda definirse como ” racional ” o ” científicos ” sino que sea posible abrirse a las diferentes fantasías individuales en un reconocimiento a la propia contingencia de la sociedad liberal que se reconoce como un intento de organización social del pasado y con las formas que organización social utópicas del futuro. En la sociedad liberal de una cultura poetizada la solidaridad humana es un fin por alcanzar, no por medio de la investigación sino por medio de la imaginación, con la facultad de ver los otros individuos extraños como compañeros de viaje en el sufrimiento. La sociedad liberal no descubre la solidaridad, la crea, por medio de la reflexión. Por solidaridad humana entiende Rorty, ese algo que hay en cada uno de nosotros, una humanidad esencial que resuena en otros seres humanos. Esa noción de solidaridad define lo que es un ser humano completo, íntegro. Rorty afirma la solidaridad como una obligación moral que debemos sentir por el otro como un reconocimiento de que la humanidad nos es algo en común en tanto que el otro es también uno de nosotros por el que hay que sentir ese sentimiento de solidaridad humana.

Ahora, una cultura liberal poetizada está fundada, desde la perspectiva rortyana, con un sentido de contingencia, ironía y solidaridad. Nietzsche, Freud, Wittgenstein han contribuido a que la sociedad se reconozca a sí misma como una contingencia histórica, afirmar Rorty. La ironía en el ámbito de lo privado resulta definitiva para la configuración de la condición humana aunque no pueda definirse en el plano de lo social o lo político del liberalismo. No es la filosofía sino la literatura la que crea en el interior de la sociedad un verdadero sentido de solidaridad humana. Orwel y Nabokov son los novelistas para los que Rorty reconoce ese sentido solidario de su literatura. Una cultura liberal que sea consciente de su contingencia histórica, unirá la libertad privada individual, filosófica o irónica con el proyecto social de solidaridad humana creado por la literatura, es decir, por los representantes de la inteligencia y la sensibilidad, a saber, los escritores.

Una cultura poetizada sería una cultura historicista y nominalista que hace una conexión del presente con el pasado y con todas las formas de utopías. La creación de utopías se concibe en Rorty como un proceso sin terminó como un ejercicio lucido de la libertad. La sociedad liberal no requiere de fundamento filosóficos ni de la razón o la moral para su legitimación y no legitima lo político desde lo político en términos de relaciones de poder. Una cultura poetizada es una comunidad situada históricamente. Una cultura poetizada dentro de una sociedad liberal es la más bella y sensible utopía imaginada por Rorty. Una sociedad de los poetas soñada para la imaginación y la sensibilidad donde los hombres inventarían el mundo a partir del libre desarrollo de la solidaridad y el deseo. Una sociedad donde la comunicación entre los hombres sea poética fundada en metáforas en tanto que el lenguaje poético es el verdadero lenguaje que afirma la plena existencia del hombre. Un lenguaje no con un sentido utilitarista, de uso cotidiano, economicista o del rendimiento y la productividad. El nombre trasciende su animalidad mediante el lenguaje. El hombre es hombre gracias al lenguaje. (Humboldt) En el recobramos el verdadero sentido de lo humano. Las cosas no existen si no existen en el lenguaje.

La poesía es la única prueba concreta de la existencia del hombre, escribió Luis Cardoza y Aragón. La imaginación es superior al conocimiento, escribió Albert Einstein. El poeta es la inteligencia por excelencia y la imaginación en la más científica de las facultades, escribió Baudelaire. Habermas crítica en Rorty el querer ” poetizar ” antes que ” racionalizar”. La razón ha engendrado ya demasiados monstruos pero también nos ha permitido seguir soñando como dijo algún poeta. La racionalidad en Occidente ha condenado al hombre a ver el mundo dentro de una sola dimensión cuadriculada. La vida puede ser mágica y poética, la realidad es mucho más de lo que perciben nuestros sentidos. La poesía descubre los elementos invisibles y esenciales de las cosas. La misión del poeta es poetizar la vida con un sentido lucido y vidente para hacer más visible el mundo y para darle un sentido más humano y hermoso a la existencia. Una cultura de los poetas que poeticen la vida para hacer más vivible la vida en tanto que la razón ha demostrado su esterilidad engendrando las más absurdas catástrofes que ha padecido la humanidad. Una cultura poetizada donde el hombre se reconozca en el arte como la expresión más genuina de la condición humana, y donde el libre desarrollo de las fantasías, las metáforas y la imaginación sea su estado natural. Una poetización de la vida cotidiana donde se conjugue la admiración por lo bello y el horror por la crueldad. Una sensibilización de la vida donde la solidaridad sea un acto, un maravilloso acto cotidiano.

* Sociólogo. Magíster en Filosofía Latinoamericana. Especialización en Filosofía Política Contemporánea y Especialización en Educación en Filosofía Colombiana antonioacevedolinares@msn.com

Por ANTONIO ACEVEDO LINARES *

El conocimiento humano como resultado de la investigación debe contribuir a la obtención de la felicidad del hombre en la medida que el hombre es el resultado de su inteligencia y de sus conocimientos, un conocimiento de si mismo, un conocimiento de su mundo y de la sociedad en la que está inmerso. Desde los clásicos griegos el conocimiento es una virtud que contribuye a la obtención de la felicidad porque realiza la naturaleza humana en una búsqueda permanente para hacerla más humana y para hacer más humano el mundo en el que se vive. Los griegos llamaban a la felicidad eudaimonìa y la usaban para expresar bienestar, felicidad, buena fortuna, abundancia. Era consideraba por los filósofos como el mayor bien, “eu” que significa bien y “daimòn” que significa divinidad, y al asociarse a las divinidades malignas derivó hacia nuestra palabra “demonio” (eudaimòn) quien lleva un buen espíritu o quien tiene buen ánimo o quien es un dios bueno.1 Un regalo de los dioses consideraban los griegos a la felicidad como resultado de una vida de bien.

El hombre no es feliz por naturaleza sino que debe buscar la felicidad también en el conocimiento porque el conocimiento también lo realiza como ser humano. Hay quienes buscan la felicidad en el dinero y en la obtención de las cosas materiales pero ellas no la dan, al lo sumo se obtiene confort pero no la felicidad. La felicidad es algo más que tener una vida confortable. La felicidad es un estado más íntimo del hombre que tiene que ver con la realización de su espíritu y de su intelecto. La concepción de concebir el conocimiento como una de las formas de la felicidad no es una concepción romántica ni idealista sino una visión intelectual y humanista que desde los griegos se ha concebido. Sócrates identificaba la virtud con el conocimiento, la veía como un bien supremo para el ser humano sin la cual no podemos ser felices, aunque para Sócrates no existía felicidad sino virtud y la virtud es la condición necesaria y suficiente para la felicidad. El verdadero conocimiento es el que transmite sabiduría y no se agota en la información sino que va hasta la reflexión y la creación de una visión nueva de las cosas, es aquel que inaugura un nuevo horizonte o una concepción distinta de pensarnos y de ser. 2.

El filósofo inglés John Stuart Mill afirmaba que la dignidad del ser humano está en nuestra inclinación al conocimiento, la satisfacción de los deseos intelectuales y que no debemos renunciar a este tipo de placer aunque parezca que no nos hace tan felices como la permanencia en la ignorancia, ya que la felicidad que nos depara, no siendo igualmente intensa, puede calificarse como más humana 3, y con esto no pretende insinuar que haya hombres sean más

1. Mariano Amal. La felicidad. Pág, 1.

2. El conocimiento es: interiorizado, estructurado, sólo puede crecer lentamente, sólo es humano y conduce a la acción. La información en cambio es: externa, informe, rápidamente acumulable, se puede automatizar y es inerte. (J.A. Millán 2004) 2. Citado por Martínez Berriel, S. Sociología urbana.

3. Victoria del Blanco Pérez. La felicidad y el saber. Revista El Recreo, EU de Magisterio de Toledo, # 13 Dic, 2006. Pág. 1

que otros o más digno de serlo por el mero hecho de saber más 4. Como seres humanos que somos, dice Mill, deberíamos renunciar al cúmulo de placeres primarios por los intelectuales, pues aún siendo estos más difíciles de satisfacer y más lenta su culminación, son beneficiosos, según el principio de utilidad, por otorgar una felicidad mayor 5. Las religiones señalan que la felicidad solo se logra en la unión con Dios, que no es posible ser feliz sin esta comunión, la felicidad como obtención definitiva de la plenitud, pero la felicidad de las religiones está concebida para alcanzarla después de la muerte. Aristóteles, por su parte, señala que la felicidad es el fin último, el bien supremo, pero que es difícil definirla y describirla.

El conocimiento, que epistemològicamente tiene su origen cuando el sujeto se relaciona con el objeto, obteniendo imágenes que se convierten en ideas, es una aventura del pensamiento que produce felicidad porque es la búsqueda por explicarnos el mundo y las cosas, por más dolorosas o injustas que ellas sean. Sin embargo, el conocimiento también produce dolor porque pronto descubrimos que vivimos en un mundo injusto y duro, pero la aventura de pensar también tiene sus momentos de felicidad aunque a veces nos vuelva un poco amargos, escépticos o pesimistas. La educación superior, no obstante, debe estar dirigida a que el conocimiento nos vuelva más felices sin perder el espíritu crítico. El conocimiento puede contribuir a la felicidad humana porque no hace más sabios de las cosas, nos hace entender mejor el mundo y sus contradicciones y, como se ha concebido desde siempre, el conocimiento es poder, pero no un poder para explotar o esclavizar al otro, sino para liberar y fortalecer la condición humana. El conocimiento debe formar seres humanos, personas y no déspotas ilustrados. El hombre es hombre gracias al conocimiento que determina su condición humana.

El conocimiento hace que el hombre se construya a si mismo y tenga una sensibilidad social más humana sin perder de vista sus orígenes y su lugar en el mundo. El conocimiento no puede seguir siendo un arma para la destrucción masiva, ni para el fomento del mercantilismo salvaje que quiere hacer de todo lo humano un negocio, una transacción económica, aunque esta seria la utopía del conocimiento. El conocimiento debe promover una cultura de la justicia, una cultura de la paz, una cultura ciudadana, una cultura de la tolerancia, una cultura de la solidaridad y una cultura de respeto por la diferencia. El conocimiento tiene que ser ante todo una cultura de vida antes que una cultura de muerte. La “cultura de la muerte” es la cultura del pensamiento autoritario que reduce la condición humana. Los medios de comunicación nos venden una felicidad artificial que se reduce a los objetos, que esta fundamentada en el tener antes que en el ser, un mundo deshumanizado sin conocimiento ni espíritu critico, un mundo donde todo se compra y se vende sin importar la dignidad humana de las personas. En esta perspectiva, sólo el conocimiento crítico de cómo funciona el sistema puede darnos el necesario espacio de libertad de conciencia situado fuera de los condicionamientos de aquél.6.

4 Ibíd., Pàg,1

5. Ibib,1 Pàg,1

6. Mario Roberto Morales. Sólo el conocimiento crítico de cómo funciona el sistema puede darnos el necesario espacio de libertad de conciencia, Art. La Ventana, Portal informativo de la Casa de las Amèricas, E 2007.

El conocimiento afianza una recuperación de la dignidad del hombre y de sus valores porque lo sitúa en su condición humana para hacerlo más feliz, si es una educación verdadera, y cuando es verdadera no permite que el hombre caiga en la trampa del consumismo que pretende vendernos la felicidad en cómodas cuotas mensuales cuando adquirimos un auto o un artefacto eléctrico. La educación superior no puede dar clases de cómo ser feliz, en ninguna universidad se enseña a ser feliz, pero el conocimiento tiene la virtud, cuando se interioriza con lucidez, de hacernos feliz como una defensa contra las ofensas de la vida, como diría Pavese refiriéndose a la literatura. En la universidad y en los libros se puede aprender a tener una visión del mundo y ese estado de ánimo que es la felicidad, se puede incrementar cuando el conocimiento nos hace más sensibles y humanos, en tanto que nos acerca más al dolor y a las injusticias ajenas. No obstante, el conocimiento también tiene sus déspotas ilustrados, individuos que pasaron por la universidad pero la universidad nunca paso por ellos, y el conocimiento los dejó igual o peor. La máxima virtud del conocimiento no es sin embargo la felicidad sino salvarnos del autoritarismo que son las expresiones propias de la mediocridad. La ideologización del conocimiento crea las dictaduras y fomenta los sectarismos. El conocimiento posibilita la construcción del mundo y de si mismo, porque un hombre sin conocimientos es un hombre fragmentado, inacabado, incompleto que requiere de la síntesis del conocimiento para edificarse a si mismo, y cuando ha logrado realizar esa construcción de si mismo puede sentirse satisfecho, realizado y por lo tanto un poco feliz con la obra de sus propios logros. Hay que fomentar en la educación superior esa idea de la realización humana a través del conocimiento, es allí donde más deberíamos realizarnos y no en otra parte.

La creación de una ética para la felicidad debe ser viable en la medida en que nadie puede ser feliz de cualquier manera, pasando por encima de los demás y excluyendo al otro y condenándolo a la marginación. Ya no es posible pensar con seriedad las condiciones de la felicidad sin las condiciones de la justicia, es preciso reconstruir el sentido que pueda tener una ética de la felicidad desde la posibilidad real de una vida humana digna para todos.7.La ética del conocimiento está en la transparencia de pensar honradamente, sin robarle nada a nadie, pero reconociendo la sabiduría del conocimiento universal, con el que es imprescindible contar a la hora de pensar. El conocimiento tiene la propiedad fundamental de enseñar a pensar, ese debe ser su propósito y su razón de ser, enseñar a pensar para crear nuevos conocimientos y para que cumpla su función social en la sociedad. La función social del conocimiento está en la virtud de formar antes que deformar, formar para la vida y para la profesión que se ejerce, es lo que se ha denominado una educación integral, formar personas y profesionales altamente competentes.

La búsqueda de la felicidad es una búsqueda permanente del hombre aunque a veces nos extraviamos en esa búsqueda porque creemos encontrarla en las cosas más superficiales o banales, sin saber que está a nuestro alcance también en el conocimiento que tiene el saber, porque no hemos hecho del conocimiento nuestro proyecto de vida, y hacer del conocimiento nuestro proyecto de vida es una de las facultades de la lucidez.

7.Agustín Domingo, La felicidad. Pág, 1

La educación superior debe proponerse educar para la lucidez y no sólo para el mercado laboral, tener esa sola visión es reducirla a una educación alienada. La universidad no educa para la felicidad y mucho menos para la lucidez, ese debe ser el propósito sin embargo de un nuevo modelo de educador, alguien que eduque para la lucidez y no sea sólo transmisor de información, que es en lo que se ha convertido el conocimiento en muchas universidades. La creación de nuevos conocimientos en la reflexión o análisis teóricos desde las ciencias humanas, que se traduce en la investigación, son proyectos que se deben tener si queremos hacer universidad, y se hace universidad si se crean líneas de investigación y se fortalecen los departamentos de humanidades para formar individuos antes que burócratas, en un aporte al desarrollo social e intelectual de la nación. El conocimiento debe realizarse en los individuos para que los individuos lo realicen en la práctica social, que seria el escenario donde también contribuya al desarrollo social para una existencia feliz.

Volviendo sobre la visión de la felicidad en los griegos, la felicidad que los griegos llamaban sabiduría no es una felicidad que se obtiene a base de diversiones o ilusiones sino que se obtiene en relación con la verdad, esto es, una felicidad verdadera, porque el conocimiento propicia la verdad de las cosas y sus universos. La filosofía como búsqueda del conocimiento, como amor al conocimiento, es el mayor grado de sabiduría que el hombre obtiene, y en la sabiduría se reconoce la felicidad del hombre. Los griegos tuvieron la osadía de pensar la felicidad como también muchos escritores y filósofos contemporáneos. Albert Camus afirmaba que no hay que avergonzarse de ser feliz, porque la felicidad consiste en una lucha implacable contra el miedo, aunque Michel Foucault afirmará que la felicidad no existe y menos aún la felicidad de los hombres. Los filósofos modernos, como Nietzsche, afirmaba que el hombre no es concebido para la felicidad, sino que está siempre destinado a sufrir.

La felicidad que el conocimiento nos propicia tiene la virtud de hacernos sentir más seguros de si mismos, de no sentirnos indefensos frente a la vida, en tanto que un hombre sin conocimientos es un hombre indefenso que no tiene como hacerle frente. Los conocimientos no son necesariamente la obtención de los títulos académicos pero son también una vía para adquirirlos. En la era de la globalización el conocimiento está más a nuestro alcance a través de la biblioteca universal que es la internet. El libro no será reemplazado por esta nueva tecnología sino que lo enriquecerá y lo hará llega más lejos a través de las autopistas de la red en donde la información y el conocimiento será más accesible y su creación tendrá un carácter más universal, democrático y participativo. En la red podemos descubrir también el amor, la recreación, el entretenimiento, y aparte de la información y el conocimiento, también habrá lugar para descubrir la felicidad. El físico y cosmólogo Stephen Hawking ha afirmó que el gran enemigo del conocimiento no es la ignorancia, sino la ilusión del conocimiento, esto quiere decir que mientras no se cree un conocimiento verdadero no alcanzaremos tampoco una felicidad verdadera, y viviremos en la ilusión de un conocimiento que no nos sirve para la vida, y menos aún para la felicidad.

* Poeta y Sociólogo. Magíster en Filosofía Latinoamericana y Especialización en Educación en Filosofía Colombiana y en Filosofía Política Contemporánea.


Por GUILLERMO REYES JURADO

El poeta santandereano Antonio Acevedo Linares nació en El Centro, Barrancabermeja el 28 de julio en 1957. Realizó estudios de Sociología en la Universidad Cooperativa de Colombia y de Especialización en Filosofía Política Contemporánea en el Instituto de Filosofía de la Universidad de Antioquia y Magíster en Filosofía Latinoamericana con Especialización en Educación en Filosofía Colombiana en la Universidad Santo Tomás, seccional Bogotá. Ha sido catedrático universitario en varias universidades de la ciudad, y paralelo a su producción poética ha escrito y publicado artículos y ensayos literarios, históricos y filosóficos, entrevistas con escritores y crítica cultural y política en los periódicos locales y revistas nacionales, actividades que combina con la investigación social, asesorias y proyectos.

En veintiséis años de oficio literario que cumple este año ha escrito once libros de poesía y ha publicado seis Plegables de poesía , Arte Erótica, 1988 y una muestra de poesía de poetas santandereanos, Sociedad de los poetas, 1998, CD, Poesía de viva voz, 2004 y ha reunido en antologías su trilogía poética, Los girasoles de Van Gogh, 1999, Atlántica, 2004 y En el país de las mariposas, este último su próxima publicación, junto con un trabajo de filosofía política titulado Tolerancia, Cultura y Democracia, que se puede consultar en la pagina web, monografias.com con el titulo deLa Tolerancia como presupuesto fundamental para la construcción de una cultura de la democracia en América Latina”. Su poesía figura en selección de poetas a nivel nacional y regional: Concurso Universitario de Poesía, ICFES, Bogotá, 1984. Palabra viva, Ecoe ediciones, Bogotá, 1992. En Voces encontradas, Biblioteca Pública Gabriel Turbay, 1997 y en Sociedad de los poetas, Cuarto de máquinas editores, 1998. Ha grabado su poesía en la Emisora Cultural Luis Carlos Galán, en el Programa Voz Viva y Letras que dirigía Jorge Valderrama Restrepo, en 1.994, 1996, 1997, 1999, 2000, 2001 y 2.002 y en la Emisora U.I.S, Stereo, un especial de poesía erótica, 2001. Ha realizado además lecturas de poesía en bares, cafés, tabernas, museos, universidades y bibliotecas.

Ha obtenido mención honorífica, segundo premio y finalista en concursos nacionales y regionales de poesía. Ha sido seleccionado en la Primera Feria de la Santandereanidad, Programa Crea, Ministerio de Cultura, 1996. Seleccionado en el Encuentro Regional Centro Oriente, Programa Crea, Ministerio de Cultura, 1.998. Seleccionado en el Encuentro Nacional, Programa Crea, Ministerio de Cultura, 1998. Ha participado como ponente en la Octava Feria Internacional del Libro con la ponencia, El amor en la poesía, dentro de la Mesa Redonda, El amor en la Literatura Regional, Bogotá, 1995. En la Casa UNAB, 2002, con la ponencia, La ciudad como imaginación, dentro del tema ciudad y literatura, etc. Ha escrito los libros de poesía: Por esta manera de querernos tanto, 1980-1981, La lluvia sobre el tejado, 1982-1984, Bitácora, 1985-1987, Arthur Rimbaud y otros poemas, 1988-1990, Saudade, 1991-1992. Atlántica, 1992-1993, Los girasoles de Van Gogh, 1993-1994, Poemas de invierno, 1995-1996, Los días de Octubre, 1997-1999.En el país de las mariposas, 2000-2002. Los días que a diario son la muerte, 2003-2005, libros que ha reunido en las antologías ya señaladas.

Bucaramanga es una ciudad en donde abundan pero a la vez escasean los poetas. ¿He dicho un contrasentido, una especie de disparate? No. He proclamado una gran verdad. Lo que realmente quiere decir es que aquí muchas personas escriben versos pero muy pocas de ellas son realmente poetas. Entre escribir versos y ser poeta hay una honda diferencia. La diferencia está en la calidad, la profundidad, el temblor interior, el valor estético. Esto solo lo logran los espíritus superiores, los que verdaderamente son poetas. Es la segunda vez que me invitan o me proponen, que lleve la voz en el lanzamiento de un libro de poemas. La primera vez se trato de los poetas Rafael Ortiz González y Ramiro Lagos y el acto se llevó a cabo en la Academia de Historia de Santander. Era la época del sosiego, de la paz, de la confraternidad. La capital de Santander era un conglomerado de gentes dedicadas a trabajar, a escribir, a leer. Se publicaban libros, se daban recitales, se dictaban conferencias, se llevaban a cabo exposiciones de pintura, se exhibían documentales sobre diversos aspectos de Colombia en los teatros. Bucaramanga era una ciudad culta. No había ningún temor al caminar en sus calles, parques y avenidas, así fuera en los sitios más apartados y en las altas horas de la noche. Nadie aguantaba hambre, nadie le arrebataba los bienes al prójimo, la prostituciòn era bastante escasa.

Hoy el país y la ciudad cambiaron. Colombia se convirtió en un matadero de seres humanos que da escalofrío. Treinta mil personas asesinan todos los años en el territorio nacional. Y si a eso se le agrega el hambre, la corrupción, la prostituciòn y el desplazamiento forzado de miles y miles de compatriotas dentro del territorio nacional, el cuadro es aterrador, de profundo espanto. He traído a colación estos hechos para demostrar cómo el colombiano es actualmente un ser violento, casi irracional. Y para demostrar también como en medio de este furor, de esta demencia colectiva, todavía existen seres pacíficos que como los poetas se dedican a escribir poemas, con una paciencia y dedicación dignas de encomio.

El colombiano no era así, no obstante las guerras civiles que enmarcaron el siglo XIX, y las exacerbaciones políticas que dominaron el siglo XX. En esos dos periodos, grandes masas de la población eran pacificas .Pero a partir del año sesenta del siglo pasado, los colombianos se tornaron violentos, en casi un ochenta por ciento de su población. Qué ocurrió? Por un lado el narcotráfico, por el otro la miseria, un tercer ingrediente, la corrupción, irrumpieron en el país, debilitando los resortes morales de la población. Ese fue el cóctel, la bomba que de pronto hizo explosión y acabo con el civismo, la paz, la convivencia de los colombianos.

Por ahora no más exordios. Entremos ya en el motivo que nos congrega en esta reseña. Se trata de acompañar al poeta Antonio Acevedo Linares en el lanzamiento de una de sus últimas obras titulada Atlántica, editada por ediciones Hojas de Hierba. Antes de referirnos a su contenido, conviene hacer un repaso analítico y desde luego histórico sobre la poesía, una de las expresiones más difíciles y exigentes de la literatura, pues quien se aventure en sus dominios debe poseer una exquisita sensibilidad a la par que una profunda cultura y genio creador. Hoy la poesía no es un acto espontáneo sino deliberado, un proceso de creación consciente en el que la razón prevalece sobre la intuición, la profundidad sobre la forma, el valor conceptual sobre el canon retórico. La época de la poesía rimada, de la consonancia y la asonancia, del endecasílabo y el octosílabo, de toda esa cantidad de gambeteos que hicieron de la poesía un mero juego de palabras, una pirotecnia verbal, una especie de fakirismo estético, esa época pertenece al pasado, está definitivamente cancelada.

No hay en la poesía de Antonio Acevedo Linares rima ni métrica, ni toda esa cantidad de gramaticalismos y formaletas en que fueron tan pródigos los ilustres y amanerados poetas del sonsonete. Ya lo dijo hace casi cuarenta años Jaime Mejia Duque en un famoso y aplaudido ensayo sobre la evolución del lenguaje poético en Colombia, que la poesía no era eterna sino histórica, vale decir, que está sujeta a los cambios y mutaciones de la sociedad. Leamos el poema del Cid, repasemos el cancionero de Baena, volvamos a los románticos, acerquémonos a los parnasianos y a los simbolistas, y, confrontando todo eso con la poesía que se escribe en nuestro tiempo, diferenciaremos incluso en la temática más general (amor, muerte, placer, etc) los cambios de la expresión.

“De una generación a otra se operan cambios de conjunto además de los sobrevenidos, dijèrase que orgánicamente, en los estilos individuales. En la base de tales cambios se propone siempre un problema de concepción del hecho poético, una modalidad nueva al afrontar la experiencia como materia de elaboración literaria, una distinta utilización del lenguaje y de las llamadas significaciones de época para comunicarse. Y más allá del comportamiento individual y generacional de los artistas el análisis tendrá que revelar otras determinaciones más ostensibles: las crisis o los reajustes de la vida nacional e internacional que posibilitaron o decidieron las novedosas maneras de reaccionar ideológica y poéticamente a los temas” (Jaime Mejia Duque)

Los verdaderos poetas colombianos, casi sin excepción alguna, se han rebelado contra los clasicismos, contra las rigìdeces de un poética convencional que carece de temblor y de vida, que todo lo sacrifica a las estructuras formales, a los moldes retóricos. Ya lo dijo Borges, refiriéndose a este tema, que un poema se puede construir mejor con los elementos de la inteligencia, que con los dictados del corazón. Hay que apartarse del manido lenguaje secular, de las llamadas influencias expresivas, empleando mejor la cultura, edificando un particular monumento estético. Hasta la prosa, en los tiempos actuales, tiende a hacerse más razonable y más precisa. Las pomposas frases onduladas y recargadas de adjetivos y gerundios a lo Mendèz y Pelayo, no son de buen recibo hoy en día. Quien las use solo provocará la sonrisa de los lectores. Lo mismo sucede en la oratoria. El orador tiene que ser conciso, directo, pues está empleando un instrumento de comunicación por medio del cual pone en conocimiento de otros sus opiniones y juicios a fin de convencerlos de sus afirmaciones. Leyendo la poesía de Antonio Acevedo Linares descansa el hombre de esta resolana infernal que es Colombia. Es como una lluvia refrescante que aplaca los nervios y sosiega el espíritu. Hemos vuelto a soñar, a sonreír, a amar otra vez la vida.

Tu cuerpo es un país

de hermosos valles

y colinas en donde vivo

a orillas de sus acantilados

un vasto cielo en donde

resplandecen sus horizontes

como un mar en donde sumerjo

mi cuerpo, una calle por donde

caminamos con los mismos pasos

de la mano en una noche

que aluna en sus ojos así

en invierno como en verano

un territorio donde siembro

con la lluvia y recojo los frutos

de la vendimia, un hermoso

país de litorales y arrecifes

en el oleaje y en el viento

de su pelo y su sonrisa.

Poesía pura, de buena calidad, escrita con sentimiento y emoción pero también con talento e inteligencia creadora, poesía de bellas imágenes, de amorosas melodías, de honda y sugestiva entonación, poesía para mostrar y exhibir en cualquier meridiano porque está escrita con los valores de la inteligencia y del espíritu.

Por ANTONIO ACEVEDO LINARES

CARIÁTIDES

Son dos hermosas mujeres

con sus espadas que sirven de columnas

originaria de la antigua región de Carias

que en el frontispicio de este palacio

de pronunciar sentencias y castigar delitos

acaso son símbolo de esa constante

y perpetua voluntad de dar a cada

quien lo que merece, justicia.

Son célebres las cariátides del pórtico

de Erecteión en la antigua Acrópolis de Atenas.

.

POEMA DE LA VIDA

Con el arduo trabajo

del tiempo se deteriora inexorable

es lo mejor que se ha inventado

dijo nuestro insigne maestro de las letras

y sin jactancia puedo decir que es lo mejor

que conozco dijo otro que murió acribillado

y es un soplo dijo ese otro en un tango

que la perdió en un siniestro

los que la suicidan parecen insensatos

así ese dolor de existir pero nadie

dijo que era color de rosa, y es un parto

la vida, como la de todos los seres

y es hermoso vivir aunque tiene su

paradoja, que no sólo hay que vivirla

sino también hay que ganársela

acaso sea superior a cualquier fracaso.

AUSCHWITZ

Los hornos crematorios

en Auschwitz

a todo vapor por sus chimeneas

exhalan un humo negro

mientras en algún lugar

de la tierra alguien escribe

un poema o compone una sinfonía.

Son los años cuarenta en Europa

y las ciudades arden todavía en ruinas

y entretanto un soldado mira

en las trincheras el retrato de una

hermosa mujer que dejo

en su país de las estepas.

La victoria está cerca

y el desembarco a las playas

de Normandia del ejército aliado

será el comienzo del fin de un imperio

que se proclamo a mil años

y los soldados serán recibidos

en las ciudades liberadas

con besos y abrazos y flores

y en Paris ondearan

las banderas del mundo.

Del libro Atlántica, Antología Poética (1980-2004) 2004. Vol 2.

Por Milcíades Arévalo

El día que decidí salmodiar al revés comenzó mi desgracia.

Si bien es cierto ya lo había intentado varias veces con los poetas judíos de Toledo y con los poemas de Blake, todavía no era capaz de confundir a la congregación con salmos de este tenor: Ecia vlume veldé, eninoc qu! que en idioma vulgar no era otra cosa que una letanía de amor. Tal vez por eso y sólo por eso, el prior del monasterio en vez de castigarme me mandó a refrescar el magín en el río.

No habiendo terminado de saborear mi primer triunfo contra las tentaciones del demonio, vi a unas muchachas desnudas bailando en la orilla opuesta al son de un laúd, tanto que no parecían lo que eran sino plantas ornamentales, flores, parte del paisaje – digo, es un decir -.

Presto me zambullí en lo más terrible de la corriente, luchando a brazo partido contra la muerte, desorientado como un pez en extrañas aguas. Las muchachas al verme y en tal estado comenzaron a gritarme desde la orilla: “¡Cuidado con las serpientes! ¡Cuidado con la fauna acuática! ¡Cuidado con todo lo que no ve!”, porque a decir verdad yo parecía un deslumbrado contemplando las maravillas regadas a mi paso.

Tan pronto hube llegado a la orilla opuesta sentí como un suspiro de agonías y caí de rodillas ante la más bella. ¡Oh, hermosa muchacha! Ella me miró como si acabara de encontrar su dicha, para que las demás muchachas se murieran de envidia o se tiraran los pelos de pura rabia o se fueran a sus casas a morderse los labios y nos dejaran solos para poder besarnos de la manera más deliciosa. ¡Válgame Dios!

–Alabada sea la paloma y el palomar de la dicha –dijo y desenfundó mi sexito, duro y templadito como un puñal de acero.

Después de muchas cabriolas y equilibrios, ella comenzó a cabalgar sobre mí cuerpo como un diablo, corriendo hacia ninguna parte, desbocada, descocada, vaiviniéndose, haciendo olas con su pelo, ¿qué podía hacer yo bajo su cuerpo de luna refulgente? Ella sólo quería cabalgar sobre mi cuerpo con su pelo al viento, sin espuelas de plata ni zamarros. Ella no quería oírme, sólo huir hacia ninguna parte, sentadita sobre el puñal de tormento que más le gustaba.

Cuando empezaron a sonar las campanas para la víspera, cuando ya no había nada más que hacer, ni caballo ni muchacha desnuda huyendo sobre el lomo del viento, sólo la mañana de un nuevo día temblando entre los árboles, vino el prior a buscarme y al verme en tal estado, desnudo y hambriento, enredado entre las zarzas de mi propia desgracia, con el seso perdido de un miserable Lázaro, me preguntó qué había pasado conmigo.

Todo se lo conté, pero fue como si no me oyera. En volandas me llevó de regreso al monasterio y me puso a comer arañas en un rincón de la biblioteca de la venerable congregación, para que no olvidara jamás mis propósitos iniciáticos y pudiera dedicar mis horas de holganza a otros virtuosismos más doctos que el amor.

Desde entonces, héme aquí, tratando de olvidar todo lo acontecido a la orilla del río, en el sendero del bosque donde aún pastan el caballo del viento y una muchacha desnuda.

Para Eyra, Marcela y Ángela, tan lejanas y tan presentes.

Por Antonio Acevedo Linares.

El escritor colombiano Milcíades Arévalo nació en Zipaquirá hace ya más de cinco décadas. Su vida como escritor e imaginero ha transcurrido principalmente en Bogotá, ciudad de la que escribe y alimenta su literatura. Ha sido también marinero, empleado bancario, vendedor de libros, publicista, corrector de estilo, periodista, dramaturgo, guionista, fotógrafo y editor, y aunque estudió algún tiempo en la Pedagógica, Español y Literatura y en la Universidad Incca, Filología e Idiomas se considera autodidacta por naturaleza. Escribe cuentos y novelas, crónicas periodísticas, entrevistas y reseña de libros etc, porque le gusta y porque antes que ser escritor vive la vida en todo su esplendor. Fundó en 1973 la revista de la Sociedad de la Imaginación, Puesto de Combate, donde ha dado a conocer a los nuevos escritores y poetas colombianos. Ha publicado cuentos en inglés, portugués, francés e italiano, muchos de los cuales han aparecido publicados en antologías y revistas de Colombia y en el exterior como Casa de las Américas, y a la vez ha sido jurado en concursos de cuento, novela, teatro y poesía. Ha publicado los libros: A la orilla del Trópico (Relatos, l978); Ciudad sin Fábulas (Cuentos, 1981); La sed de los huyentes (Cuentos, 1985), El Oficio de la Adoración (Cuentos, 1988 y 2003); Inventario de Invierno (Novela, 1995) y Cenizas en la Ducha (Novela, 2001). Entre sus libros inéditos se cuentan: El héroe de todas las derrotas (Novela); El caballo del viento y la muchacha desnuda (Cuentos medievales); Galería de la Memoria (Crónicas) La loca poesía (Antología poética en preparación) entrevistas con poetas y escritores, El oficio de la escritura, en preparación y una antología de cuentos de autores que han pasado por la revista a lo largo de 32 años. Esta entrevista se realizó en la pasada Feria Internacional del Libro en Bogotá.

-¿Cómo se inicio en la literatura? ¿Qué autores lo fascinaron, cuáles fueron sus primeras lecturas?

–Generalmente casi todos los escritores dicen que nacieron con esa gracia divina, o que estudiaron en los Andes, en Harvard y en otras universidades. Cuando me lo preguntan a mí sencillamente digo que no lo soy, porque el que verdadero escritor puede pasarse la vida escribiendo y nunca se dará cuenta de eso. Uno escribe todos los días, aunque no escriba una sola línea. La vida es la página en blanco que hay que llenar. Para mí la literatura ha sido participación de algo que me gusta y que me parece maravilloso hacerlo a través de las páginas de Puesto de Combate, una revista literaria en la que creo más que en mí mismo, así no tenga quien la defienda ni la apoye.

Los primeros libros que leí, cosa rara en un chico, fueron El Quijote, La Biblia, La Divina Comedia, Pratolini, Moravia, Camus, Kafka y una que otra novelita de amor impetuoso. Sucede que cuando yo era chico y estudiaba donde los curas, frecuentemente me sacaban de clase por no tener saco, ni corbata ni mucho menos devocionario. A mí eso me aburrió tanto que en vez de terminar el bachillerato me fui para la finca de mi papá y me dediqué a sembrar flores. Mientras el huerto florecía, yo aprovechaba para leer los libros que mi hermano tenía en su biblioteca. Indudablemente me fascinaron tanto que toda la vida no he hecho otra cosa bien que comprar libros, que muchas veces termino regalándoselos a esos muchachos y muchachas que sueñan llegar a escribir algún día, con la advertencia que tienen que escribir mejor que mis autores favoritos.

–¿Cómo ha sido su relación con el periodismo? ¿Qué aporta a la literatura?

–He hecho periodismo en varias publicaciones, y también en la revista que dirijo. Le he aportado a la literatura todo lo que sé y he tenido olfato para descubrir entre la multitud a los verdaderos escritores y les he dado alas a cientos de muchachos y muchachas que tienen mucho que decir y no tienen donde hacerlo. Si no hubiese sido así hoy no conoceríamos los poemas eróticos de Orietta Lozano ni tampoco habríamos conocido a Raúl Gómez Jattin a quien encontré en Cereté comiendo mango viche y tirándole piedrecitas al río. En fin…

–¿Su obra cuentística y novelística ha estado signada por lo autobiográfico o es sólo imaginación?

–Estoy seguro de que todos los escritores, así lo nieguen, toman de su propia vida hechos que les ocurrieron, por la sencilla razón de que quien escribe una obra debe ponerle todo el encanto, toda la magia, toda la vida y la pasión necesaria que vive el hombre cotidiano para hacer creíble la historia, el cuento o la novela que le sucedió a alguien en particular. Por otra parte, para ser escritor hay que tener mucha imaginación y haber vivido la vida en todo su esplendor. Por eso yo siempre estoy diciendo que el que no tenga imaginación ni haya vivido lo suficiente, mejor que se dedique a otra cosa. Yo he vivido en muchas partes, he conocido infinitos rostros, he recorrido muchos caminos, he navegado muchos ríos y mares, pero siempre he estado ligado a la tierra. Solo me sostiene mi imaginación.

¿Se puede vivir de la literatura en Colombia?

–¿Qué escritor vive de la literatura en Colombia? Para que los libros no terminen agonizando en la bodega de una editorial colombiana, hay que irse lejos, a otro país para poder triunfar como García Márquez, Efraím Medina, etc. Aquí nadie lee ni mucho menos compra libros. Los únicos que viven de la literatura son los académicos y los críticos.

¿Cómo ha sido su relación con la poesía en su escritura y su relación con los poetas en la vida?

–He sido tan influido por la poesía que eso se me nota en todo lo que escribo. Los verdaderos poetas significan mucho para mí, pero no me gustaría parecerme a ellos. Más de uno me ha golpeado por decirle que la poesía estaba en todas partes, menos en sus poemas.

–¿Cómo evalúa su actividad periodística de dar a conocer a los nuevos escritores en la revista Puesto de Combate?

–Sin duda ha sido muy valiosa, de lo contrario no los conocerían ni en su casa.

¿Para qué se escribe?

–Para saber lo que no sé, para saber de dónde vengo y para dónde voy, para dejar un testimonio del mundo que viví…

-¿La literatura nos salva de qué?

–La literatura nos salva de la muerte.

-Finalmente, Maestro Milciades, ¿a qué proyectos literarios está dedicado últimamente?

–Más que literarios son de vida: ir a tenderme en la playa olvidado del mundo y de mí, editar las últimas entregas de Puesto de Combate, terminar de escribir una novela, una obra de teatro, un libros de crónicas, un guión, unos ensayos; seleccionar unos cuentos, unos poemas, ¿qué se yo?

–¿Es usted feliz siendo escritor?

–Como soy lo más atípico de un escritor, eso me permite ser feliz.

La actividad más fervorosa de Milciades Arévalo aparte de la de ser escritor es la de activista cultural que durante más de treinta años ha publicado la revista literaria Puesto de Combate, un quijote de nuestro tiempo que ha creído en la literatura colombiana donde muchos poetas y escritores han dado a conocer sus primeros textos literarios, entre los que recuerda a Raúl Gómez Jattin y Orietta Lozano. Su casa en el barrio La Candelaria ve pasar todos los días un hombre a veces bajo la lluvia con sus libros bajo el brazo que entre sus premios, distinciones y trabajos culturales que ha tenido se destacan:

Segundo y Tercer Premio, Concurso de Cuento Gobernación del Quindío, años 1980 y 1981.Segundo y Primer Premio, Fundación Testimonio (Pasto), años 1984 y 1985. Premio de Novela “Ciudad de Pereira”, con el Libro “La Casa del Fuego y de la Lluvia”, 1985. Distinción y Reconocimiento “Por la divulgación de la Literatura Colombiana”. Cámara Colombiana del Libro, Bogotá 1989. Segundo Premio de Novela “Ciudad de Pereira”, con el libro “Inventario de Invierno”, 1991. Beca Ministerio de Cultura. Modalidad Periodismo Cultural, 1994. Beca “Banco de Propuestas Artísticas”. Instituto Distrital de Cultura y Turismo, 1998. Director Editorial Revista Mosaico II del Instituto de Cultura Hispánica de Bogotá, de Febrero de 1982 a Diciembre de 1985.Asesor Cultural de la Casa de la Cultura de Montería, de Junio de 1988 a Junio de 1989. Organizador de los Encuentros Internacionales de Revista de Literatura y Suplementos Culturales. Feria Internacional del Libro de Bogotá, de 1988 a 1991. Director del Taller de Literatura “Libro Vía” de la Alcaldía Mayor de Bogotá durante los años 1991 y 1992. Director de Arte y Creativo de la Agencia de Publicidad Sancho, de Febrero 1992 a Junio de 1996. Asesor Literario de Post Grado. Universidad Sur Colombiana, años 1998 y 1999. Columnista del diario La Prensa de Bogotá, de febrero de 1991 a mayo de 1996.